Al analizar de manera más profunda y con una visión elemental de lo que es la Música, sus alcances, sus orígenes, su espíritu, nos podremos dar una idea de que no todo lo que suena por ahí en las calles es lo que parece, de que algo no anda bien con la serie de sonidos con ritmo, armonía y melodía. Estos 3 últimos conceptos son la base de lo que superficialmente se llama Música y supuestamente cumpliendo con esos requisitos base tendrías la fórmula primordial para darle vida a esta tan bella manifestación.
Por ejemplo, podemos observar y reflexionar con lo que ocurre cuando de manera imprevista te encuentras con un maniquí y generalmente da una sensación de que es una persona (al menos por un segundo) y de inmediato mirando bien lo identificamos como lo que realmente es, como una simple representación tridimensional de una forma humana.
La dimensionalidad también está presente en la música, por lo que ésta puede ser básica o muy compleja. Lo del maniquí indica que la diferencia con un ser humano está en que éste no tiene alma, ni mucho menos espíritu, o sea nada mas que apariencia humana en su forma. Lo mismo ocurre en la música , esta tiene alma, tiene un propósito, o sea está viva.
Cada ser de la Divina Creación es una manifestación de la misma divinidad, porque de ella viene y de ella está creado. Una galaxia, un planeta, un océano, una cordillera, una montaña, un árbol, una planta, poseen una geometría implícita, un patrón de perfección, de sostenibilidad, que al ser plasmados en la multidimensionalidad presentan algunos atributos especiales que son efecto de la causa primordial de existir por mandato supremo, estos atributos son perceptibles con los sentidos tanto externos como internos.
Tomemos el caso de una flor, ésta tiene una geometría tal que apreciamos con la vista su belleza, con el olfato su aroma, con el tacto su textura, con el oído su… sí, su Música.
La Música es un aspecto de la vida, viene con cada entidad creada (incluso contigo), tú tienes (eres) tu propia música y la conocerás y reconocerás cuando vuelvas a vivenciar conscientemente tu potencial divino al despertar la llama del corazón, antes de eso debemos afinar más y más nuestros pensamientos, sentimientos y acciones para permitir que fluya tu música interior, tu aroma, tu luz.
En el caso de Los Ángeles y Arcángeles, estos emiten vibraciones de manera natural desde el centro de su ser, que con nuestra percepción interior lograremos sentir, como su música, su aroma, su luz particular.
Cuando escuchamos grandes obras musicales, no son sólo Ritmo, Armonía y Melodía, están en un contexto superior, son «la Música de…», por ejemplo de un río, de una montaña, de un planeta, de una flor; por consecuencia de un Ser o conjunto de seres Divinos como un Señor Deva, un Elohim, de algún Arcángel, etc. Recordemos que detrás de cada parte de la creación hay al menos un Ser que se encarga de su existencia. Esto quiere decir que los grandes músicos de la historia, lo que hacían (o hacen) era escuchar con sus sentidos internos (de manera inconsciente en su mayoría) el sonido que emiten estos Seres de luz, sonido que es intrínseco y se expresa constantemente sin el esfuerzo de que ocurra.
Las personas hoy en día por lo general, se identifican mucho con emociones básicas e incluso destructivas y sienten simpatía (resonancia) con sonidos musicales de cada época que reflejan apego, ira o miedo principalmente, llamando buena música sólo a lo que les causa placer al darles algo de movimiento en sí mismo al estancamiento que provocan estas emociones, pero que no logran finalmente fluir ni purificarse. Estos sonidos así carecen de espíritu, por lo que no logran transmitir virtud alguna.
Ya sabemos entonces que no todo es música acá en la Tierra en estos tiempos, que existe la imitación, la tergiversación y la transgresión sonora y que sus repercusiones no son favorables para la evolución humana; son sólo el reflejo del camino que aún no ha sido construido hacia la fuente de toda perfección.
Respecto a la relación de la música con la perfección, cabe señalar que se tiende a confundir el virtuosismo y las habilidades físicas de las manos principalmente, con el verdadero sentido de ésta. Como músico se cumple un rol de receptor y emisor, donde la habilidad de escucha de lo superior, lo sublime, lo divino, es la calidad de recepción, y la fidelidad en la ejecución e interpretación de esto es la calidad de emisión. Un buen músico es entonces un individuo que se autoperfecciona en sus sentimientos, en sus pensamientos, en sus hábitos, porque sólo así perfecciona su canal receptor y emisor de las virtudes mas elevadas.
Gastón Barrientos Sch.