El ser humano fue creado para experimentar a Dios, canalizando ideas divinas, perfección y belleza, para residir en la Mente, Corazón y Voluntad de Dios. Cuando la humanidad decidió caminar optando por algo distinto a su plan original, fue que lentamente se vio envuelto en sus propias creaciones, a las cuales vida tras vida fue alimentando a costa de perder su libertad espiritual.
A lo largo de la historia humana, cuando la desconexión con su naturaleza espiritual ha llegado a umbrales peligrosos, esto es al punto en que los humanos se desvirtúan de tal manera que el plan de Dios para todos se llega a olvidar por completo, provocando que el Egoísmo, la Ignorancia y el Miedo pasen a ser los regentes de sus vidas, es justo cuando en una infinita compasión y misericordia divina se facilita y se envía a un ser que en el nombre de Dios, viene a recordarnos quiénes somos realmente en nuestra naturaleza esencial. Una efectiva ayuda es la de los Cristos que nos han visitado, que con su Poder, Amor y Sabiduría lograron sembrar una vibración que perdura por milenios.
La idea de que estos rayos de Luz en la carne hayan sido en una imagen y forma humana, no fue por azar o mera casualidad. Como humanos tenemos muchas condiciones especiales y una de ellas es que nos identificamos inconscientemente con los demás, con quienes tienen una estructura símil, resonando implícitamente.
Algunos seguidores, discípulos o estudiantes que se supieron proyectar en estos grandiosos seres, pudieron comprender que cada uno de estos Avatares tenían un mensaje común y que nos decían «Yo soy otro Tú», dándole la acción a su potencial espiritual, logrando convertirse en focos resonadores de la luz de Dios para todas la épocas y civilizaciones, como son los Santos y otros iluminados, que no hicieron más que cooperar con el mensaje de volver a los brazos de nuestro creador aplicando sus atributos.
El último Avatar asumió su Potestad a principios del siglo XX y a diferencia de los primeros avatares, este no se presentará a las masas hasta que la ley cósmica lo permita para esta civilización, debido a nuestro estado de conciencia. Sin embargo, la enseñanza ya fue y esta siendo dispensada para todos, resumiendo lo que cada Cristo nos legaba en su ejemplo y es el conocimiento y aplicación del «Yo Soy», que nos invita a reconocer la verdad de Dios en nuestros corazones, mente y actividad consciente.
Estas palabras: «Yo Soy», son la llave que pone en acción el potencial divino de cada uno. Dicho potencial no se construye, ni se pide, ni se espera, mas bien se permite que sea en nuestras vidas, cultivando la mentalidad sana, los sentimientos más bellos, la palabra y la acción en armonía.
Tal como en la enseñanza a un niño, a un adolescente o aun adulto, que debe ser manifestada acorde a cada etapa, a cada estado de consciencia. Así como una humanidad aún no madura, pero ya no más infante, cual adolescente que necesita experimentar y contemplar a la vez, se nos otorga a través de la misericordia este tesoro de conocimiento de la divinidad en acción.
Cada Cristo nos decía: » Yo soy otro Tú» y como niños admirando a un ejemplar Padre, algunas veces los imitábamos en la forma, otras veces los adoramos y nos enamoramos de ellos, peleábamos por decir qué Padre era más fuerte o amoroso que otro. Hoy en esta humana adolescencia, tendemos a soltarnos de la imagen paterna/materna y queremos seguir solos… nos equivocamos, caemos en soberbia, o fantaseamos con lo que creemos que es la verdad y el camino, todo esto por olvidar lo que se nos enseñó al creer que haremos una nueva Ley a nuestra manera, pero el mensaje es claro y no se nos dejó sin la Magna llave de las puertas de Casa, saber que «Yo soy la fuente inagotable de todo lo Bueno, de toda perfección y de toda virtud». Esto debe ser la brújula en este camino de transición a ser humanos conscientes, en madurez espiritual, reconociéndonos cada uno como hijos legítimos de Dios, merecedores y aplicadores de todas sus bondades.
Gastón Barrientos Sch.