«No sufras, nunca se extinguen, sólo se ocultan…»
…Así dijo el Hada del bosque cuando le pregunté por las especies «extintas»; ella dijo que nosotros vemos el mundo al revés de ellos, (cosa que me causó una satisfacción en lo más interno, pues siempre creí de algún modo que nuestro mundo se manifestaba al revés), fue entonces cuando me dio su regalo en mi frente/corazón.
Así por un instante pude ver como ellos ven, el rango de visión se me amplificó y vi que no venían de la nada como yo creía, no eran una simple aparición, sino que venían desde el centro de Tierra. Entendí que cada vez que emergían desde el suelo como pequeños destellos, hasta formarse completamente suspendidos en el aire (inafectados por la gravedad), cambiando de tonalidades desde los más cálidos y definidos, hasta los más claros y translúcidos, era debido a que abajo estaban mucho más cerca de la fuente de toda vitalidad. Antes creía que se deshacían en el aire y que nuestra atmósfera les hacía mal, pero sólo se volvían más vibrantes y livianos en la medida que se separaban de la tierra.
Hacia el interior la tierra todo es anaranjado y cálido, lleno de una maraña de raíces, éstas muchas raíces mezcladas unas con otras hacen un «algo «muy tupido, lleno de brillo parpadeante, allí están todas las memorias de la tierra y de todos los seres que habitamos en ella. Me sorprendió también saber que los volcanes habían sido árboles gigantes conectados entre ellos por enormes raíces, extensas zonas cóncavas perfectas bajo la tierra son espacios tan amplios como verdaderos corredores. Pensé: «La diferencia acá arriba, es que todo es disperso y frío en nuestro mundo y aún así es tan bello!».
Pude entender algo más de su mundo y de cómo están silentemente entre nosotros, muchos definitivamente están hacia el centro de la Tierra pero también en otra densidad, la radicación interna de cada astro es la mayor fuente espiritual que alberga todas las formas autoliberadas (pero más adelante hablaré de eso), por ahora destaco los detalles tiernos y curiosos que no comprendí hasta ese entonces como por ejemplo ver cómo a medida que salían de la tierra sus «cabelleras de luz» flotaban, como en un estado de ingravidez, mientras que a otros sus cabellos caían de acuerdo a la gravedad, (me explicó que ellos ya estaban adecuados a la superficie). Otra característica es que los que vienen del centro son de aspecto más difuso y luminoso, y los que ya están acá tienes aspectos más definidos medio fundidos con la forma de la naturaleza y su luz es un poco más espesa, en un estado de «casi materializando», siendo estos últimos los que se comunican con los humanos (recodé las pequeñas alitas que veía en mi infancia cuando jugaba sentada en el suelo).
Entre estas visiones, pensamientos y recuerdos, ella prosiguió diciendo:
«Las criaturas de amor sólo vuelven al mundo nutritivo, a la fuente solar, a la vitalidad y a la belleza que está aglutinada en el centro de la Tierra. Fuera de ella, esparcida y fría, lejos de la Fuente, vivimos los demás. El Reino Dévico que está en la superficie, está haciendo un servicio devocional, mas cuando cumple su ciclo vuelve al centro solar interino, que es el «útero vital» donde los humanos no acceden por concepto invertido de las dimensiones».
Mi pregunta fue doblemente contestada a través de este generoso regalo.
Qué alegría fue saber que ningún ser, ave, planta, insecto, animal, etc. se habían acabado para siempre, que sólo desfilaban por un tiempo en la superficie aportando equilibrio desde sus «ánimas» puras en la respiración de la tierra, al igual que ocurre con nosotros en el flujo natural del inhalar y exhalar vida…
Fragmento del «Encuentro de los Reinos», 2013
Por Bárbara Blachet A.