La gran Victoria 

Hay una creencia expandida y colocada postizamente en la colectividad, de que el bien y el mal están en una constante lucha y que están al mismo nivel. Pues esto no es esencialmente cierto. El propósito inicial de la creación tuvo que ser benigno, esto sólo porque por definición lo malo, es lo destructivo, lo erróneo, lo insustentable, lo perecedero, lo equívoco, o sea que a partir de lo llamado «Mal» no habría creación que prevaleciera.
Una chispa de luz ilumina un gran volumen de oscuridad y una «chispa» de oscuridad en una habitación iluminada es una quimera, ya que no alcanzaría a presentarse cuando la luz de la habitación ya la iluminaría.

Entonces ¿por qué existe el mal?

La respuesta a esto está en el ser humano mismo.

Siguiendo con la analogía de luz/oscuridad existe un aspecto intermedio que representa la neutralidad y es la materia. Esta no se identifica ni con la luz ni con la oscuridad pese a ser producto de la densificación de la luz. Es en ese estado de densidad que comienza la ilusión de que somos muy distintos a nuestra fuente (luz). Identificándonos con la materia es que nos olvidamos de los atributos espirituales y generamos sombra dentro de nuestra propia conciencia, fragmentando así nuestra personalidad en aspectos de luz y oscuridad.
El mal sólo puede existir cuando se le permite existir, cuando se le da el espacio sin luz o sin bondad.

Existen seres que viven sólo gracias al poder que les otorgamos nosotros mismos, estos entes de oscuridad constantemente inyectan ideas o emociones negativas y destructivas al ser humano para así generar el espacio sombrío donde habitar; esto logra ocurrir siempre y cuando la persona sea permeable a este ataque. La permeabilidad será determinada por los hábitos diarios de pensamiento, sentimiento, palabra y acción.

Basado en esto podemos ver que al mal no se le ataca ni se le combate, sino que solo se extingue al cultivar el bien. El Mal le teme al Bien, se refugia en los únicos que le dan cabida y se le extermina no alimentándolo.
Practicar la bondad es en parte volver a identificarse con lo esencial que somos. También la inteligencia que tal como la creación es luz, por lo tanto cultivar esta virtud es deshacer las tinieblas de la ignorancia. A esto último se apunta estudiando la correcta enseñanza de quienes ya caminaron los senderos de la vida, disciplinando la mente y la atención en lo virtuoso y aplicando el conocimiento.

Por lo tanto no hay más lucha que la que uno mismo pueda tener con sus propios aspectos de personalidad que fueron creados por identificarse con algo distinto a la fuente de toda la creación.
Quizás no halla un interruptor para controlar la oscuridad, pero podemos expandir la luz a voluntad y eso es Poder y la constante Victoria sobre toda limitación.

Gastón Barrientos Sch.

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