Peligros psíquicos fuera de la casa de Dios.

El plano espiritual se caracteriza por la ausencia de imperfección y limitación, por ser la «casa» de toda virtud y atributo divino.

Desgraciadamente y muy a menudo se le da el nombre de plano espiritual al plano donde radican los muertos, los desencarnados y otros entes de características impuras e imperfectas. Esto ha generado bastante confusión, haciendo creer muchas veces que accedemos a algo constructivo en la vida, cuando en realidad estamos atrapados poniendo la atención en algo inadecuado.

Donde ponemos nuestra atención es donde se vierte nuestra vida, como un verdadero caudal de energía. Y donde se vierte vida hay una retroalimentación, una correspondencia. La atención en la «casa de Dios» trae como consecuencia sus atributos; la atención en los planos inferiores donde radican las imperfecciones, trae como consecuencia sus limitaciones.

Con gran alarde se difunden las llamadas habilidades psíquicas, que no son más que la utilización de los sentidos de manera exacerbada, además muchas veces estas cualidades son producto de un desorden en los cuerpos bioenergéticos, ya sea por un shock traumático o por forzar actos de mediumidad, espiritismo y/o algunas mancias, entre otros.

Se categoriza como de gran calidad o profundidad el ser certero con información acerca de la vida íntima o detalles que no cualquiera podría saber, pues la información obtenida por psiquismo es dada por seres de baja vibración desde el plano astral, que siempre piden algo a cambio, nunca quedando bien las personas que acuden por esa ayuda o que trabajan con esta energía. El sensacionalismo que producen estos actos llamados mágicos hace que resulte muy fácil quedar distraído en eso, porque a primeras siempre trae resultados que parecen ser «útiles» a la sociedad como por ejemplo, en la búsqueda de personas desaparecidas, contactos con desencarnados que dan mensajes importantes, para esclarecer crímenes, etc.

Pues, como recurrimos habitualmente a resultados rápidos y prácticos sin pensar en sus consecuencias, al principio todo apunta a que marcha normal, pero con el pasar de los años podremos ir viendo el estado físico, emocional y mental de las personas que practican estas artes. Son almas que tendrán un gran trabajo, quizás por muchas encarnaciones, para salir de esos estados y recordar que la casa de Dios está en uno mismo y en todas partes, que al plano espiritual se accede a diario al confiar en la presencia de Dios por sobre todas las cosas.

Saber que de la mano de Dios se puede lograr toda victoria, descubrir toda verdad, superar todo obstáculo, permite prescindir de cualquier alteración dimensional forzada. Por supuesto cabe señalar que es de suma importancia saber también cómo actúan sus leyes y que él responde a toda petición hecha desde la Fe y no a los deseos que no aportan a la evolución espiritual.

A Dios también se le puede conocer a través de los sentidos que el mismo proveyó: en la bella música, en el aroma de las hierbas, flores o maderas, en lo magno de sus ecosistemas y lo pequeño de sus semillas, en las texturas y en el sabor de las frutas o verduras, en el abrazo de dos amantes y su placer sencillo, en la fuerza de la voluntad, en la alegría de un buen momento, en la paz de la soledad o la armonía de las sociedades… y si bien todo eso no es Dios en su esencia, es un canal para saber cómo adorna su casa, lo cual nos recuerda sus pasillos y habitaciones, ayudándonos así a mantenernos en dicha y esperanza.

Mantenerse atento a cualquier trampa de distracción en el sendero es estar informado, fiel y firme ante la omnipotencia de Dios.

El buscar soluciones a los problemas o facilitarnos la vida a través de la energía psíquica es un decreto profundo de falta de confianza en el padre de todos. Es sencillamente un acto de desesperanza que busca acortar un camino y que a su vez solidifica una capa que nos separa de la luz de Dios, dificultando la expresión de una vida espiritual plena.

Gastón Barrientos Sch.

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