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Soy la inteligencia que está en todo,
en todas las cosas.
La única inteligencia que existe,
no hay más.
Cualquier otra idea que sea diferente a mí,
es deficiente, insuficiente, irreal.
A muchos galardonan con coronas,
cifras o símbolos pintados con mi nombre,
pero ninguno puede pronunciar
su propio y verdadero nombre
con el peso de tantos vacíos.
Nunca he dañado ni dañaré a nadie,
mi propósito es feliz.
Tampoco lucho con nadie,
pues nadie podrá llegar a mí
con armas ni amenazas.
Nada inferior a mí puede llegar a mí.
Soy el regalo de la vida
a cada ser vivo y al tiempo.
Soy la eterna solución;
soy el resultado de cada respiración,
soy la respiración de las plantas,
de la humanidad, de los soles y galaxias,
de las Eras.
No busques alcanzarme,
pues yo llego a ti.
Tu esfuerzo es el de dejar
de esforzarte por crearme.
Nací antes que tú y te lo di todo.
No me debes nada, estoy contigo y en ti.
Te amo y sé que me extrañas,
aunque hayas olvidado mi nombre
y mi rostro.
Nunca te he dejado.
Encontrarás mi aroma en el sentimiento
de comprender la vida y sus meandros.
Encontrarás mi aroma en el sentimiento
de iluminar rincones humanos.
Reconocerás mi aroma en cada rayo de sol
cuando empuja tu sombra
guiándote a florecer de la mano.
Soy y estoy en los reinos no imaginados,
en tu jardín y en los templos.
Soy la oportunidad en todo
lo que existe para ser.
Me deleito observándote.
No te busco ni te extraño,
sólo respondo a tu impronunciable llamado.
Te veo en cada paso,
aunque me des la espalda
sigo adelante tuyo.
Te conozco tan bien.
En las plantas de tus pies
puse el mapa de ti mismo
y la brújula en tu frente,
para que no olvides nunca dónde estás,
así cuando camines donde camines
estemos siempre cercanos,
a un paso adentro y entrando sin golpear.
Soy la inteligencia que está en todo,
la única inteligencia que puede haber.
Soy el sentido de la armonía.
Soy el intervalo entre el pulso
de cada latido y pensamiento,
soy el rayo que teje tus pilares
y la luz de tus acciones.
Al final de los esfuerzos,
se acaban las palabras cuando somos uno.
Esta carta habla en el viento puro y fresco,
transportando la verdad
de que somos vida donde todo vive.
Gastón Barrientos Sch