Erótico: (Adj.) que excita el deseo sexual. D.R.A.E.
Muchos apostábamos en el siglo XX que la siguiente época sería una era de expansión de la genialidad humana, revolución del pensamiento, grandes cambios sociales y sobre todo avances tecnológicos sin precedentes.
Por citar a uno de los grandes inspiradores de nuestras épocas de escuela se encuentra el escritor Ray Bradbury, quien nos adelantaba hacia el 2000 en sus “Crónicas marcianas” las conquistas del cielo y otros mundos, aunque sin evitar develar la tendencia humana marcada por conductas auto destructivas como el egocentrismo, racismo, guerras, etc.
Y no sólo en la literatura se expresaban estos sueños, si no también en pinturas, cine y caricaturas que nos mostraban cómo seríamos una familia del futuro, con nuestros propios vehículos voladores, con robot haciéndose cargo de nuestra rutinas domésticas y mucho más; imaginábamos de todo, menos lo que estamos viviendo hoy en día.
Tecnologías y adelantos para la comodidad de nuestras vidas basadas en la sobre explotación de nuestro planeta y sus recursos con imperante economía del deseo, un trans-humanismo que confundió vivir el momento presente con la ansiedad del “quiero todo para hoy”.
Esta macabra ficción en la que hemos transformado nuestra existencia está regida por la “Eroticultura” que es más allá de una moda, la cual es una forma de hacer sociedad basada en un pulso constante de sobre estimulación al sentido sensual y que para poder establecerse dentro de cada familia hubo que normalizar las conductas anti-naturales que éstas conllevan.
Esta cosmovision sexualizada llegó a los pilares sociales como son la economía, la política, la religión, la educación, el arte y el espectáculo.
Una transformación social anestesiada desde la ética, disfrazada de evolución que nos lleva a comportarnos como mente-colmenas.
Un Fuerte Estado-colmena que nos da a toda la humanidad obrera acceso por igual a nuestros Deseos/derechos, pudiendo vernos y creernos lo que queramos pero nunca teniendo acceso a los reales privilegios, ya que eso es sólo para las élites.
La eroticultura era cebo, la carnada perfecta para la debilidad humana –el placer– que cultivado en exceso nubla la razón, dejando terreno fértil para una manipulación de un final insospechado; mas no es lo que nos han hecho, sino lo que estamos construyendo con nuestra libre y placentera práctica de hoy.
Aun así este no es el final, sigue siendo un proceso donde hemos de comprender que no trae buenas consecuencias quedarse estacionado en la comodidad de los placeres, que eres un ser humano álmico y mereces tratarte como tal, no un dispositivo móvil, programable y predeterminado; no te conectas, te integras a la vida; no te recargas, te nutres de energía de la naturaleza; no eres versión 7.0, eres un ser con todo el potencial divino activo.
«Uno mismo es realmente el protector de uno mismo. ¿Que otro protector habría? En verdad, entrenándose bien así mismo uno obtiene un protector difícil de encontrar».
Dhammapada, capítulo XII
Bárbara Blachet Aguirre