Nos estamos enfrentando a los más desagradables efectos de nuestras propias causas pensando siempre resolverlas de la misma forma, nuevas leyes que “prohiban lo prohibido» para seguir intentando domar al toro de la sexualidad por la cola, en vez de ensillarlo a una sana comunión.
Nuestra sociedad se ha convertido en una creciente comunidad de humanos que anhela experimentar profundos afectos en océanos de vacíos que terminan ahogándonos. Oscuros impulsos brotan del tormentoso fuego de la mente que consumen el alma por ignorar el calor divino de su propio corazón.
Para entonces ya no es un solo camino sino muchos, aparecen las leyes humanas imponiendo el valor al castigo y dejando el “amor por lo correcto” en el olvido, mas la verdad es una constante que se revela tan clara cada día ante nuestros ojos, que enceguece al que olvidó caminar con la frente en alto.
El hábito repetido se vuelve conducta.
Es my normal el tener derecho a adquirir lo que creemos no poseer o también recuperar lo perdido en este mundo material pero, utilizar los mismos criterios en la región emocional hasta llevarlo a las áreas mas íntimas, sólo nos llevará a actuar cada vez mas osadamente con tal de aplacar la ansiedad generada en la mente por esta errada creencia de carencias intangibles, aún cuando sabemos que ese vacío jamas se llenará.
Estos hábitos repetidos se vuelven ocultamente en una conducta enfermiza convirtiéndonos en seres pervertidos y perversos, reafirmándonos de paso el sentimiento de la eterna distancia con nuestro creador que las doctrinas religiosas por siglos nos han mal enseñado.
Un ejemplo a citar para este caso es la característica común entre las personas adultas con tendencias paidofílicas, un oculto y silente deseo por recuperar a través de la insana relación con niños esa inocencia que les fue arrebatada en edad temprana por terceros, con actos de connotación sexual que alteraron su estado de conciencia, desde ahí y en adelante esta persona parece normal mas tiene una conducta oculta antinatural.
El escenario donde se desarrolla esta obra es más común y cercano de lo qué imaginamos, es la casa de un familiar o un vecino o ¡hasta tu propia casa!.
Porque es de fácil amparo -gracias a la creciente tendencia social- el normalizar lo antinatural disfrazado de “derecho“, el miedo social a no ser “abierto de mente” (y tanto se abrió la mente que se corrompió), la falta de asombro y amparo ante actos y hechos de corrupción en nuestro propio entorno con el falso discurso de respeto ante la decisiones del otro.
Por citar algunos de los males que practicamos y que solo multiplican daño.
La clave: Cambiar la dirección.
Parece ser la época mas oscura que atraviesa nuestra raza humana pero es sólo eso, una apariencia, porque hay más luz de la que imaginamos en el universo que somos, ya no más ir hacia Dios en el día a día, porque eso suena a lejos y nos cansamos, nos extraviamos con facilidad, ahora decimos “Desde Dios mismo” sacamos cada acto de nuestras vidas hacia el mundo.
La fuente de toda voluntad radica en nuestro corazón.
La mente se enfoca y el corazón se abre, ¿qué daño podría salir desde allí?
Fue el amor del creador derramado sobre la materia lo que creó la perfecta naturaleza. Entonces, ¿qué co-crearemos con nuestro amor?
…Y buscaba con ansias lo ilimitado en la limitancia del mundo.
Fuente infinita de amor que en nuestro corazón vives.
Calor que envuelves el frío de la ignorancia,
transformándolo todo en un inocente juego de niños.
Mi pecado fue creer que estabas lejos.
Y mi acierto hoy, sentirte en mi pecho día tras día…
Bárbara Blachet Aguirre.