Siempre hemos escuchado que mentir es algo incorrecto o simplemente algo que no debemos hacer, incluso intuimos que algo no está bien con eso porque no se siente cómodo hacerlo, hay un esfuerzo interno para salir de la naturalidad de la verdad.
Dentro de las razones para no mentir hay muchas relacionadas con lo ético y moral, donde se entiende que una persona que miente va rompiendo los lazos de confianza con los demás, o que puede provocar desilusión y mucho dolor a otras personas con tal actividad.
Poco se sabe de cuáles son los efectos en la misma persona que miente, de qué va ocurriendo en su estructura bioenergética y en su alma.
El canal de la comunicación en el ser humano (zona del cuello) está espiritualmente diseñado para ser un canal de Verdad, en donde fluye la vida tal como es a través de patrones establecidos de comunicación (lenguaje hablado, emociones, códigos y otras formas).
Cada vez que una persona miente fuerza dicho canal, doblándolo, bloqueando algunas vías, incluso rompiendo estructuras naturales, todo esto sólo para hacer pasar por ahí algo que no concuerda con la Verdad. La constancia en este acto, provoca daños serios en esa zona, que llegan a necesitar ser trabajados en varias vidas para recuperarse.
Al tener estos canales atrofiados, la vedad ya tampoco fluirá bien para la misma persona, la sintonía con las verdades profundas de la vida serán auto-vetadas, el flujo natural de las cosas ya dejará de ser, comenzando a vivir una realidad incoherente, lo cual arrastra muchas frustraciones y desilusiones, llegando a responsabilizar al mundo y cualquier cosa menos a uno mismo, conociéndosele a esto último como el auto-engaño.
Buscando en el fondo de por qué llega a mentir una persona, siempre nos encontraremos que es por miedo, ya sea a recibir un reproche o para lograr resultados rápidos y satisfactorios, los cuales son impulsados por una conciencia de sobrevivencia que a su vez está soterradamente gobernada por el miedo.
Con Fé sanamos el miedo, con la absoluta confianza en la vida y en lo trascendentemente verdadero por sobre todas las cosas; sólo así podremos prescindir de toda mentira, porque siempre habrá una manera de comunicarse con la verdad para lograr la paz y liberación espiritual que tanto anhelamos. Respecto a las llamadas “mentiras piadosas”, éstas no son necesarias para quien vive en Fé, ya que no hay temor alguno a que se haga la voluntad Superior y la manera de llegar a cualquier persona debe ser siempre virtuosa, sin engaños, por más sencillos que parezcan.
No sólo la mentira daña el canal de la comunicación, también el mal uso de la palabra en general, ya sea por comentarios amargos y envidiosos, uso de groserías, uso de drogas y muchas otras prácticas anti-virtuosas.
Un pecado es un daño contra uno mismo, una dinámica tan mecánica como escupir hacia arriba y una persona correcta es también una persona inteligente que no escupe a ninguna parte.
“Más razones para ser auténticos, confiables y firmes en lo esencialmente verdadero”.
Gastón Barrientos Sch