El problema no es lo que pensamos, sino desde dónde y cómo lo pensamos. Al ver plasmada la violencia en nuestra sociedad, entendemos que es sólo el resultado de una mente violentada con una fuerza que mueve a las personas a apropiarse de “una verdad”.
Tener un punto de vista o una perspectiva frente a cualquier hecho o situación es inherente a un ser pensante, mas como seres humanos entendemos que la verdad es tan absoluta que no puede ser abrazada por la pequeñez de nuestros pensamientos. Todo acto contrario a esto provoca un sobre esfuerzo que sólo agita y violenta al individuo y este a su vez contagia a otros que sintonizan y comparten este pensar, que luego en una conducta instintiva y mamífera no demorarán en formar una manada que tarde o temprano reaccionará ante cualquier elemento que consideren una provocación.
Hoy en día la moda es sentirse vulnerado por las palabras de otros, ya no es mucho lo que podemos decir porque podemos caer en ser personas dañinas con los demás, cuando en realidad nadie será más o menos persona por la dulce o áspera palabrería ajena, ya que la dignidad de un individuo se da por la suma de sus actos a razón de su criterio.
Podemos decir que la raza humana desde el nacimiento hasta su primera infancia es altamente vulnerable, a medida que vamos creciendo vamos cambiando esta vulnerabilidad por seguridad, confianza y autodependencia gracias al discernimiento. Ya para cuando somos adultos tenemos la capacidad clara de discriminar y la libertad de optar por lo correcto o lo conveniente (Lo correcto es el resultado constructivo de nuestra voluntad, esfuerzo y tiempo; y lo conveniente es “pan para hoy y hambre para mañana”).
Debemos educar a nuestra sociedad basados en valores que empoderen a cada ser humano, contrariamente de lo que está ocurriendo hoy, que es limitar sistemáticamente con creencias victimizantes (desde la educación primaria a a la adultez), que emocionalmente desprotegen, dejando a todos “sin piel” e hipersensibilizados, afianzando la creencia de que existen sólo dos clases de personas: Los poderosos y prepotentes contra los débiles y vulnerables.
Este tipo de pensamientos sólo fabrica grupos desesperanzados que llenos de inconformismo comienzan a transitar por la vereda de lo anti valórico. Cuando la cantidad de humanos en este camino es mucha, aparecen las leyes que normalizan y permiten elementos y conductas anti naturales y decadentes.
Observemos y analicemos que nuestras problemáticas han sido las mismas por siglos, siendo que las formas de resolverlas a través de cualquier corriente de pensamiento terminada en “ismo” perpetúa los mismos resultados de siempre (movimiento de las masas por atracción-agrupación-repulsión).
Verdades antiguas pero eternas.
La diferencia de una sociedad natural con una artificial radica en que la primera sustenta sus bases en verdades eternas, el respeto al flujo auto existente y regenerativo de la vida, el segundo inventa ideologías, decreta leyes para mover materia sólo con el fin de saciar los impulsivos deseos en corto plazo. Las consecuencias que esto acarrea han de ser contenidas por mas ideologías, reguladas por mas leyes y crear más inventos.
Estas sociedades reemplazan la creatividad por el creciente número de posibles combinaciones de lo creado, que para sustentarse ha de seguir combinando, ya que por sí sola no se sostiene.
La historia nos cuenta que las sociedades que no respetaron las leyes de la naturaleza decayeron y desaparecieron.
Si nos esforzamos en recuperar individualmente el pensar coherente, nuestra inteligencia, voluntad y firme propósito, trascenderíamos los “ismos”, evitaríamos el seguir dividiéndonos, y respetando nuestra sagrada naturaleza administraríamos responsablemente para el bien colectivo y perpetuo. Cooperar y construir está en nuestra naturaleza, nominar a nuestros representantes procede de un espíritu de honrar. Estos serían los reales representantes: educados, refinados y elegantes, diplomáticos con el valor de la palabra justa, de impecable conducta y por sobre todo altruistas.
Tengamos presente que la consciencia humana en un cuerpo humano carece de violencia y que la conciencia mamífera en un cuerpo humano está violentada por el deseo. Trabajemos activamente por refinar nuestra consciencia.
Bárbara Blachet A.