La trampa del orgullo

El no conocer, reconocer o simplemente negar el potencial virtuoso que yace en cada uno nos obliga a mirar afuera, buscando en qué aferrarse y cómo validarse en el mundo material.

Un precepto de inferioridad de inmediato toma el mando desde el inconsciente, tratando de reafirmarse con cosas, situaciones, lugares o personas, a las cuales las masas han otorgado valor por un acuerdo infundado.

Al ir logrando obtener estos trofeos ilusorios comienza paulatinamente un cuadro de superioridad (grandeza), motivado siempre por lo pequeño que se siente en el fondo, así la polaridad grande/pequeño atrapa la atención y condiciona muchas personalidades anclando las creencias en el “orgullo de ser”.

El orgullo es el reflejo de un aferramiento a algo material y temporal, siendo esto con una fuerza y rigidez tal que desgasta la vitalidad por sostener ansiosamente una falsa imagen personal de autovaloración.

El orgullo al igual que todos los pecados capitales son senderos falsos para volver al potencial espiritual completo. Son caminos donde queremos avanzar a la perfección pero sólo seguimos en círculos, fuera de todo sentido verdadero. Siempre nos mueve la reminiscencia del espíritu, pero a veces estamos tan nublados que tomamos algo muy distinto a la virtud para recuperar nuestra esencia espiritual.

Cosas como casas, autos, joyas, dinero; personas como familia de origen, amistades, personas famosas, clubes deportivos, religiones, pertenecer a algo; zonas geográficas, países, clases sociales (altas o bajas), cualquier cosa puede ser objeto de orgullo o algo con qué sentirse validado o más grande, siempre algo que no es uno mismo, incluso con los logros ajenos de hijos, padres, amigos, etc. También ocurre de manera más sutil con creencias colectivas como tradiciones, e incluso con la razón e intelecto.

Todo esto ocurre internamente, ya que también se puede forjar una imagen externa de humildad sin lograr llegar al ser verdadero.

Por otra parte, se entiende a la Humildad como lo contrario del orgullo, un atributo interno que ha sido malinterpretado y tergiversado en su sentido más profundo.

En la humildad hay una absoluta ausencia de aferramientos externos y es por eso mismo es que se mal entiende como el ser desprendido de cosas, incluso llegando a usarse la palabra humildad como sinónimo de pobreza.

No se llega a la humildad con sólo desprenderse de lo material, sino que al enfocarse y encontrando la fuerza que hay en lo trascendente, eterno e inmutable del espíritu y sus virtudes, rendido a los pies de Dios.

En la mente y el corazón del humilde ya no hay grandeza ni pequeñez, es una constante expansión que también se reconoce en los demás y en la vida misma.

Gastón Barrientos Sch

2 comentarios sobre “La trampa del orgullo

  1. Difícil la pusiste. No entendí dos cosas:
    «El orgullo al igual que todos los pecados capitales son senderos falsos para volver al potencial espiritual completo».
    Y no comprendí que es la pobreza..

    Un abrazo y gracias

    Jorge Rojas B.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola
      Gracias por comentar.
      1) Al salir de nuestro estado de Gracia, quedamos con un fuerte deseo de volver a recuperarlo, pero con tal grado de inconsciencia que equívocamente buscamos esa meta cargado de impurezas. Así nacen los pecados capitales.
      2) La ley de suministro (metafísica) funciona de tal manera que siempre que estemos en Armonía con la vida, en bondad, sabiduría, Fe, humildad, etc, siempre tendremos lo que necesitemos. Fuimos creados con todo lo necesario para desarrollarnos en Paz. Al salirnos de Armonía perdemos prosperidad. Existe riqueza en muchas personas que no están en Armonía con la vida, pero esa riqueza los tiene esclavizados, lo que sería una apariencia, un falsa riqueza.

      Ojalá le aclare algo
      Abrazos!!

      Le gusta a 1 persona

Deja un comentario