“No podemos resolver los problemas empleando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando estos se crearon” A. Einstein.
A menudo los niños durante los primeros años de su desarrollo nos muestran variadas formas de comunicar sus emociones y sensaciones.
En ocasiones esta forma de comunicar no sólo revela el carácter de los pequeñitos, sino también la ausencia de amorosa disciplina en el hogar a temprana edad, ya sea por la falta de padres presentes en las 8 horas de conciencia activa del niño (quedando así en manos de terceros la primordial labor parental humana), como también la crianza por padres que ignoran que los primeros 7 años de vida son vitales a la hora de establecer las bases de las primeras estructuras mentales, donde éste progresivamente irá construyendo con sus inherentes virtudes su propia seguridad y autoestima, lo que permitirá el buen uso de su inteligencia que lo catapultará al desarrollo coherente humano.
Sea por “abandono moderno” o por ignorancia de parte de los padres, estos pequeños mostrarán su inconsciente malestar a través de su conducta, que en ocaciones puede ser preocupante para su entorno por lo difícil que estas puedan llegar a ser. Hasta aquí el tema es abordable ya que con una buena educación parental, mayor presencia activa y rigurosa dulce disciplina, los padres podrán sortear con éxito el difícil momento que los eclipsó. Mas este texto ha sido elaborado para plantear el “otro factor” (basados en casos que cada vez nos toca abordar con mayor frecuencia), ese que no tiene mucha documentación y que incluso puede terminar de desarrollar en la adolescencia un cuadro con diagnóstico psiquiátrico.
Es importante dejar claro que un niño no se enferma por sí sólo, no es como un producto que se descompone o falla, más bien la salud del niño es el resultado de los cuidados y atención de sus padres.
¿Cómo detectar?
A continuación un cuadro con algunos aspectos a observar y considerar a la hora de pre-evaluar a un infante:
1.Entorno y familia: Embarazo difícil. Exceso monitoreo del feto. Tendencia a pérdidas. Riesgo vital. Ambiente violento o sufrido. Ambiente tóxico (ya sea por sustancias, emocionales, mentales o espirituales). Todas estas condiciones hablan de un embarazo antinatural. Ambientes disfuncionales.
2.Sueño y descanso: Ya sea a temprana edad o durante su crecimiento se presenta trastornos de sueño. Miedos nocturnos. Problemas para conciliar el sueño. Pocas horas de sueño. Micciones nocturnas. Pesadillas. Sonambulismo, en casos más graves presentando otra personalidad. Hablar y moverse en exceso durante el sueño. Irritabilidad al despertar. Muchas horas de actividad. Incansable. Todo lo mencionado ocurre a pesar de que se cuidan los sobre estímulos diarios (pantallas, juegos bruscos, etc.)
3.Alimentación: Trastorno alimenticio. Se obsesiona con sólo un tipo de alimento sin querer recibir nada más. Selecciona mucho la comida por aromas o apariencia. Puede llegar a comer muy poco presentando mucha energía diaria. Hacen huelgas de hambre (con pataleta incluida). También pasan al otro extremo con descontrol del apetito. Actitud extrema llegando a comer cosas extrañas, peligrosas e insólitas como la coprofagia, todo esto con conocimiento de sus actos.
4.Juegos, tendencias y hábitos: Las descripciones a continuación son para actos o actitudes que el niño no puede dejar de hacer de manera permanente. Obsesionado por un tipo de juguete, película o temática, al punto de creerce el objeto. Presentan rituales y obsesiones a temprana edad (orden de objetos personales por color o forma). Hedonismo. Apego excesivo por personajes, canciones, etc. Diletantes. Pataletas extremas y largas (incluso horas). Llantos descontrolados. Juegos violentos y bruscos. Ingobernables y tercos. Exhiben movimientos y juegos de connotación sexual a muy temprana edad.
5.Comunicación: Burlones. Miradas fijas desafiantes o no miran a los ojos. Interrumpen en el ambiente, no dejan hablan. No escuchan, contradicen, desacatan. Son ofensivos. Groserías de fuentes desconocidas para sus padres. Hacen acotaciones que parecen como de adultos. Gesticulaciones de apariencia ridícula. Conversaciones imaginarias.
6.Relaciones afectivas: Demanda de atención excesiva de alguno de los padres (por la general del sexo opuesto). Extremo dominantes con sus padres. Manipulan. Exageran las emociones. Exceso de tocar a alguno de los padres. Pueden ser crueles o violentos con los hermanos. Desafiante a la autoridad. Golpes a los padres.
7.Comportamiento social: No presentan buenos modales. Contradicen. Desacatan. Actúan distinto al grupo. Se aíslan y tienen reacciones extremas de defensa o ataque. Tendencia a morder, pinchar, empujar. Descontrol de la fuerza. Se obsesionan con un niño(a). Rechazan grupos. Ideas perversas. No empatizan. Indolentes. No conecta con su entorno. Propician fenómenos extraños en su entorno (accidentes, conflictos, problemas, etc). Trastornos de identidad.
8.Disposición y aspectos físicos: Movimientos y posturas corporales como encorvamiento de columna, encrispamientos de manos y pies. Auto maltrato físico (se muerden, se estiran las manos, etc). Ojos sin expresión. Podrían amanecer marcados, cortados o heridos sin motivo aparente (moretones, quemaduras, arañazos, etc.). Al tratarlos no inspiran inocencia. Agresividad. Palidez extraña. Ojeras. Afecciones a la sangre. Fuerza desmedida para su edad.
¿Qué lo origina?
Estos son algunos de los rasgos en común que presentan los niños con auras parasitadas. Esta parasitación a tan temprana edad se debe a:
A) Transferencia familiar de energías oscuras por asuntos graves no resueltos, generalmente quedan ocultos como secretos familiares.
B) Un transgeneracional infectado como acuerdos de cuidados con un fallecido (tipo ángel de la guarda), herencia astral, impregnación de influencias astrales por fallecidos, ancestros que practicaron magia negra o mediumidad (acto de contactar una entidad creyendo que es un familia fallecido). Pactos astrales (de sangre, demoníacos, amarres de pareja, etc.) (véase artículo obsesores)
C) Un acto abusivo de carácter grave que atenta a la inocencia del niño. Abuso sexual, juegos de connotación sexual con niños mayores, ambientes promiscuos, sodomía hacia el infante. Cualquiera de estos actos debilita el campo protector espiritual del infante propiciando el ataque al menor, ya que afecta a su inocencia.
También se debe considerar que en algunos casos la permeabilidad del campo áurico del niño viene de nacimiento, producto de asuntos serios sin resolver de otras vidas, donde él conscientemente propinó daño a terceros sin posterior arrepentimiento.
¿Cómo sanar y prevenir?
Lo más importante es proveer un hogar (no sólo casa) sagrado, de nutrición espiritual, sin necesidad de pertenecer a una religión. Velar por las necesidades del niño con valores éticos en la crianza, más allá de un ánimo materialista. Reconocimiento respetuoso hacia lo sagrado a partir del ejemplo parental. Presencia amorosa de los padres con disciplina activa no permisiva ( “no es lo que se quiera sino lo que se deba”). Revisar la cadena familiar y sus malos hábitos desde los padres hacia atrás para sanar y restituir. Oración en familia. Cultivar la salud con visión profiláctica, desde los hábitos alimenticios, de descanso o moderación en el trabajo. Educar a los niños con perspectivas más holísticas. La protección y educación sexual debe ser una responsabilidad desde casa. Cuidarse de las ideas transhumanistas antinaturales, disfrazadas de evolución. Relaciones sociales saludables y edificantes.
Dentro de la medicina natural, hasta el momento hemos trabajado efectivamente frente a este tipo de manifestaciones (en niños y adultos) con ciertas terapias florales, que con específicas esencias se pueden expulsar, repeler y/o proteger de agentes parasitarios energéticos y entidades oscuras que atormentan a generaciones por completo, siendo el principal complemento de los profundos actos de pureza y superación que emprenda la familia.
Es fundamental a la hora de abordar estos temas tener una guía espiritual idónea que nos acompañe en el proceso, que nos ayude a fortalecer y a mantenernos en esa nueva forma de vida, abriéndonos con confianza a un paradigma más amplio y así en humildad aceptar que nunca vamos a poder entenderlo todo, pero si aceptamos que falta mucho por conocer incorporaremos con menor resistencia muchos aspectos nuevos y desconocidos en el proceso de sanación.
Dejar de hacer lo inadecuado es el primer paso, aunque todavía eso no nos vuelve buenas personas; hacer de una práctica habitual la bondad nos garantiza estar libre de toda vulnerabilidad.
La protección espiritual y física de un niño es la responsabilidad y compromiso ético de los padres y familia.
Bárbara Blachet A.