Las armas del Mal

Hay muchas maneras de confundirse cuando estamos en pleno de camino de formación (o reformación) espiritual.

Las fuerzas antagónicas saben esto y siempre están lanzando algún anzuelo tanto para la distracción como para la destrucción de todo lo que apunte a lo perfecto y armonioso.

Un arma muy sutil que pocas veces se advierte es la Tergiversación de lo sagrado. Esto trata de que mentalmente le otorguemos un significado banal a lo importante o también un significado mal direccionado a los conceptos y preceptos que nos pueden guiar a la armonía, logrando que creamos que no hay algo mejor que las limitaciones que vivamos.

Al tergiversar significados y significancias como en el Amor, la Fe, la Sabiduría, Armonía, Paz, Devoción, etc., es que hemos llegado a vivir atrapados por nuestras propias creencias y las que aceptamos colectivamente como normales, porque un ímpetu interno y natural nos impulsa a vivir lo que entendemos como «lo mejor» y sin pensarlo cumplimos con los seudo-preceptos impuestos pese a que interna y externamente seguimos en la zozobra e infelicidad.

A menudo y sin saberlo (o sin quererlo) alimentamos las creencias colectivas erradas que guían hacia lo inferior, diciendo que hacemos algunos actos por ejemplo en nombre de la Fe, sin saber que nada de eso es como tal.

En los medios masivos como en la Tv, radio o internet se transmiten canciones, escritos o noticias con deliberada tergiversación. Frases como “Me muero de amor”, “Perdí la Fe” y otras con características obsesivas y de delegación de poder personal, hacen que esta “arma de decadencia” se expanda y cumpla su objetivo, siendo utilizado cada persona que la acepta en su vida y mundo como un canal transmisor inconsciente de ésta.

En lo concreto y como por ejemplo, los aspectos centrífugo, expansivo y generoso del Amor han sido tergiversados a tal punto de llegar a comunicarlo como algo no muy distinto a los deseos biológicos más básicos con una disposición totalmente centrípeta y egoísta, que además depende de la presencia y actitud de otros o cualquier condición externa para llegar a manifestarse.

Lo mismo con la Fe, expresándola como una delegación de poder sobre otras personas u objetos y una banal creencia de lo que sea, llegando a transformarse en motivo de burla para muchos. También ocurre de manera muy común el llamar como «espiritual» al plano de lo síquico, esotérico o astral, lo que confunde mucho a quienes desean instruirse en un camino de virtud.

Así muchas palabras más que no ayudan a nada más que desviar la atención para mantener a la humanidad en la limitación.

Como en todo y respecto a la oscuridad, esta se fortalece cuando la aceptamos en nuestras vidas y “alimentamos sus vertientes con nuestra saliva”.

No debemos dejar de tener referentes espirituales en los Avatares, maestros ascendidos o seres cósmicos, quienes desde su perfección (y caminos recorridos) nos mostrarán con certeza qué es lo que vivimos o necesitamos vivir teniendo el nombre que tenga. Así seremos inmunes a tales armas de letargo y decadencia, libres en la vida armoniosa y verdadera.

Gastón Barrientos Sch

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