En general es bien visto lo llamado ser Transparente, es decir que una persona no esconda nada, especialmente en sus intenciones; pero como en muchas otras cosas, se van tergiversando los conceptos e ideas, mutando a algo muy distinto a lo de su origen.
En la ultimas décadas se le ha dado mucho valor a “decir lo que se piensa”, a mostrar las bajas emociones frente a algún desagrado o comentar lo malo de otras personas con tal de supuestamente “develar” lo que otros no dicen. Todo esto con la falsa bandera de ser Transparentes o sinceros.
Pues bien, esto habla sólo de cómo es un ego humano o la personalidad básica, lo que no significa transparencia alguna; es sólo actuar de manera inmisericorde ante otros, mostrando falta de autocontrol y desconocimiento de lo verdadero y profundo de los procesos y espiritualidad de cada uno.
Podemos clasificar la expresión humana en cuanto vengan de las propias creaciones del Yo (aspecto animal) y cuando vienen de la perfección del espíritu. Así, la verdadera sinceridad y transparencia son algo superior, como el permitir los propios sentimientos más profundos, las ideas de cómo percibimos la vida, el auto análisis reflexivo y simplemente el no tener intereses egoístas.
Exponer lo malo de uno mismo o de otros no define la sinceridad ni transparencia, y en su extremo opuesto tampoco el sobrexponer en actos histriónicos la bondad personal o ajena.
La sinceridad se trata de no afectar la pureza del corazón; es un “dejar ser”, pero de lo profundo. Es una rama del Amor que somos, por lo que la sinceridad se Encuentra, no se construye.
El entender la sinceridad como el arrebato de decir sin filtro lo que la personalidad expresa (o los juicios yprejuicios), es algo que daña muchísimo y no sólo a quien se le dirija, sino a quien lo practique, porque se va endureciendo la personalidad al punto de quedar creyendo esta condición como verdadera, cerrando la puerta a toda virtud, quedando así atrapado en la superficialidad de la forma y externo, con la atención puesta en lo bajo e incorrecto de los demás y uno mismo.
Respecto a esto y en lo popular, la supuesta sinceridad del “borracho” no es verdad por definición, ya que en esos estados de embriaguez la energía espiritual está bloqueada. El alcohol es sólo un desinhibidor de la imperfección en la personalidad, lo cual es muy representativo de lo que ocurre en las personas que se expresan de manera inconsciente.
Por otra parte, en el caso de la sinceridad de los niños puros esto sí es efectivo, ya que la inocencia es un canal de perfección.
En definitiva tenemos en frente una dualidad entre lo superficial de la personalidad y la profundidad del espíritu en el ser humano, así que por más que parezca sincero el decir lo que viene de lo pasional, nunca logrará serlo mientras no se alinee a la fuente de toda bondad que es lo más auténtico de todos nosotros.
Avanzamos de vuelta a la transparencia y sinceridad auténtica en la medida que dejamos atrás intereses personales de vanidad y orgullo, sin que nos importe crear y exhibir un personaje de nosotros mismos, soltando con ello todo lo que no nos sirve para la liberación del alma y su resurrección.
Gastón Barrientos Sch