En un mar de mil corrientes con
comienzos y sin principios,
con finales y sin un fin.
Anhelo el naufragio en las costas
profundas, en el pericardio de
una civilización, que al expandirse
apacigua toda tormenta.
Cada brazada es un ejercicio
limpio para fortalecer algún destello
de lucidez y así anclarme en lo
eterno.
Cada inhalación y exhalación toman aún
mayor valor al recordar el puerto
interno.
Las pausas que pueda dar, no son
letargos, deben ser con párpados cerrados
para saberse despierto, paro aún no arribado.
¡Cielo a la vista!
¡Sólo el cuerpo se cansa, el alma se alista!
Ya se siente un aroma, un sonido y un brillo
distinto.
Es una costa color plata, donde no llegan los
abismos. Su bahía tiene forma de abrazo.
Aún estando exhausto ya siento un descanso.
Las espumas de mis inventos van
quedando atrás, junto con la historia y
la palabra.
Me voy fundiendo en melodías que me sacan famélico del agua.
Melodías que tejen una cama,
con aromas que satisfacen todas las
necesidades, toda añoranza, todo drama.
Me fundo en violeta y
conquisto esta tierra.
Soy la Victoria
por sobre toda guerra,
por sobre toda espera.
¡Soy la puerta abierta
a la vida perfecta!
Gastón Barrientos Sch