Ernesto criaba canarios. Empezó con sólo uno, le gustó tanto que con el tiempo se fue comprando más además de los nuevos que nacían. Llegó a tener más de 30 ejemplares.
Cada día costaba más mantenerlos, con su alimento, limpieza, cuidados médicos, etc.
Después de eso ya no disfrutaba tanto de esta actividad y comenzó a regalarlos y venderlos. Luego perdió definitivamente el interés por criar aves en casa y declinó por completo su tenencia.
Esta historia descrita recién es muy similar a lo que nos contaban los maestros de sabiduría en la primera mitad del siglo XX, refiriéndose a ciertos magos ilusionistas de otras eras que capturaban a un ser elemental (por ejemplo del fuego), y lo esclavizaban para que favoreciera actos de magia para impresionar al público y así enriquecerse.
Luego de estas constantes actividades de falta de ética, este ser elemental quedaba atrapado en los cuerpos sutiles del «encantador“, acoplándose de tal manera que al revelarse éste contra su captor, el esclavo pasaba a ser el esclavizador de estas personas, siguiéndolo incluso por vidas y trayendo muchas desgracias sin aparente explicación.
Como vemos, en la materia desde lo más básico como en la primera historia, hasta en lo más sutil como en la segunda, se cumple el principio de que el Acaparamiento es una puerta directa a la esclavitud.
Cuando acumulamos lo que álmicamente no necesitamos, serán estas mismas cosas las que nos demandarán energía hasta decaer o finalmente despertar de golpe de este mal sueño.
Ya sabemos que todo lo que existe en el tiempo es materia y el acaparamiento lo podemos encontrar en lo que podría parecer muy insólito, porque no sólo en cosas tangibles se expresa esto.
El acaparamiento de conocimientos, de fama, de sueños, de la atención de otros y muchas cosas más deben ser una alerta antes de cruzar la puerta a la fila de los engrillados.
Resultaría majadero hablar del acaparamiento de tangibles como bienes, placeres o dinero, ya que estas historias están más que contadas.
Así, al saber el rango de acción del mundo en el que habitamos y cómo relacionarnos con ello, nos expandimos para vivir comandados por lo que es transversal, atemporal e inmutable en nosotros.
Esta conducta de acaparar surge de un falso sentimiento, sea de escasez, de falta de providencia divina o de miedo a que algo falte, afectando al fluir de la verdad de que fuimos espiritualmente creados con la facultad de poseer lo que el alma necesite para su evolución. Los esclavos de antaño vivían la escasez y en su polaridad opuesta los esclavos modernos viven el acaparamiento.
Al reconocerte como un ser espiritual, agradecido de la vida, se comienza a salir de la polaridad esclavizante y de todo péndulo de imperfecciones. Esto con la confianza y firmeza de que todo lo que necesitemos está ya cubierto por el Padre creador.
Este acto de auto-reconocimiento se basa en una práctica habitual de consagración, donde se dedica todo recurso (interno y externo) a la armonía, la oración, los decretos de Fe, la meditación, el servicio, etc.
Así, podemos decir que la acumulación de estos actos son los únicos que consolidan una vida libre en lo que realmente debemos vivir, como hijos herederos del legado de perfección que es la creación misma.
Gastón Barrientos Sch