Dulce invierno

Viento, lluvia y temporal de frío,
en invierno, con techo bajo
y grises los ríos.

Me han contado que nos
alejamos del sol.
Que su calor está ocupado
en otro mundo,
con otro hermano.

Que la belleza y la alegría
hibernan, mientras el humo de
las moradas se mezcla, en la niebla
que humedece todo con su hálito
de misteriosa novela.

Aún así me niego a aceptar
dichos relatos.
Aún así hay romance en la lluvia,
hay abrazo en el frío,
hay sonido en el viento y
cada vez es distinto.
Hay siempre luz, que en invierno
renueva su ritmo.

Algunas flores lo saben,
algunas aves también.
Es tiempo de mirar adentro
y distraerse del distraer.

Donde mire, la paleta tiene
blancos, grises, verdes y cafés;
Lo suficiente para un reino entero,
lo suficiente sólo para ser.
Te dejo ser.

Es tiempo de abrigarse,
de encontrar adentro el calor,
los colores que faltan,
los aromas de alguna flor.

Este invierno es oportuno
y oportunidad
de regocijo, de caminar
lento, de reflexionar.

Todos los efectos del sol
perfecto siguen ahí.
Nada de lo necesario falta,
ni se ha ido, ni se va a ir.

Entre la escarcha y el frío
persiste escondido
el código afín
de luz y armonía,
preparando la venida
de nuevas flores/poesías,
de virtud fuerte y serena,
que erguidas entre cristales
de nieve, iluminan
toda la vida.

Gastón Barrientos Sch

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