Mente/corazón

Creer…

A simple vista podríamos pensar que creer en algo o alguien es sencillo, que sólo basta con pensar en eso y repetir verbalmente que así es, incluso llenándose de artilugios y adornos para convencerse uno mismo (y a veces a otros) de eso que supuestamente creemos.

Pues con eso no es suficiente, creer conlleva una entrega mucho más comprometida que sólo pensar y decir (y mostrar). Es una vertida de vitalidad sobre aquello, de tiempo, de voluntad, fuerzas, intelecto y toda condición mental constructiva que pueda haber, es decir que con eso se pone a disposición el campo mental para ser sembrado con los preceptos que el „objeto“ de creencia requiera.

Esto es una delicada y responsable decisión a tomar ya que cualquier cosa no puede ser digna, segura o confiable de tan grande apuesta. Ahí es donde debemos saber que lo único fiel, confiable y que no falla es lo INMUTABLE, pero rodeados de un mundo material donde todo cambia y se transforma, ¿cómo saber qué es eso inmutable en lo que puedo verter mi vida completamente?.

Toda verdad universal que ha sido enseñada debe comenzar a ser incorporada con sus semillas en el campo mental para reflexionar en eso, pensar en eso y descansar en eso.

No puede haber desilusiones en la Verdad, esta necesita irse incorporando lentamente acorde a lo que se pueda vivenciar, siendo mesurados y metódicos al internalizarla con la experiencia, para así ver que es comprobable y confiable.

Creer en corrientes ideológicas, conceptos materiales, inventos humanos, falsos maestros o intérpretes sólo traerá desilusión, porque por definición, si es materia se deberá aniquilar o transformar llegando tarde o temprano y tal como comenzó a su fin.

Los axiomas que sostienen las leyes de la creación fueron comprendidos y aplicados por nuestros grandes referentes espirituales convirtiéndose en una verdadera promesa para «descansar la cabeza» en lo único que vale la pena, la verdad trascendente y su acción sobre la vida.

Entonces creer no es tan sencillo como parece, es un estudio y un camino que limpia la mente de ilusiones para dejar el terreno fértil a la palabra divina o leyes universales, para recién luego de esto aplicar en cada pequeñez o complejidad del día a día lo se cree, con la Fe, tranquilidad y certeza de que no hay margen de error ni desilusión.

Sentir…

Aunque parecieran dos aspectos muy opuestos o distantes, en el sentimiento ocurre algo muy similar respecto a la creencia.

Luego de muchas experiencias tan cambiantes en un mundo de pura materia (sin relación con Dios), comienzan a acumularse las desilusiones y decepciones y con eso ponemos la mente y principalmente el corazón a la defensiva para no sufrir nuevamente antiguos dolores producto de haber puesto el sentimiento en un algo que no correspondió o incluso traicionó nuestra parte más sensible.

De nuevo y al igual que en la creencia, el factor sentimiento debe dejar de buscar en lo cambiante y comenzar a detenerse en lo que no traiciona ni decepciona.

El resultado de „apuntar el pecho a los cielos“ trae la comprensión de que el amor es una fuente inagotable pero que necesita cultivarse con actos de adoración genuina y constante.

El santo grial…

La conciencia crística, a la que podemos acceder todos, es la conciencia de relación estable y activa con el/lo eterno en pensamiento y sentimiento, lo cual a través de la práctica real iremos desarrollando, saliendo así de los estados de eterno retorno, atrapados en una celda que cambia de tamaño y decoración a cada momento.

Todos sentimos una afinidad con algún gran Avatar que dejó su legado plasmado con el ejemplo de vida y palabras auténticamente divinas. Tornemos la atención a ellos para comenzar una vida digna y satisfactoria.

Caminemos a transformarnos en una copa, en un Santo grial que en mente/corazón permanece abierto al derrame de las infinitas bendiciones del Creador.

Gastón Barrientos Sch

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