Niños elementales

Un niño es un ser que aún no desarrolla personalidad, es una mezcla extrema entre inocencia e instinto. Los Padres y/o adultos en general son sus héroes; los niños los imitan en sus formas y de manera prácticamente indiscriminada.

Estos pequeños son literalmente obedientes y aveces más que en lo literal.

Cuando vemos que se portan mal o que no obedecen, es porque recibieron mensajes cruzados y contradicciones de sus héroes, los que “sembraron rojo todo el día y luego pidieron cosechar verdes”.

Estos Padres atolondrados generan confusión en los niños, dan señales constantemente de desorden en lo emocional, mental y físico y luego se enojan o frustran cuando los pequeñitos se desordenan.

Cuando el código de amor entre los Padres es el correcto, los niños lo entenderán y vivirán así.

Desde su inocencia sólo imitan y reciben la información inconsciente de cómo vivir la vida. Son como esponjitas que absorben sin discriminar ni discernir. Son el reflejo de lo que pasa en el hogar.

La conducta de un niño es el diagnóstico del Hogar”.

Mentalmente hay un mayor reflejo del Padre y emocionalmente de la Madre.

Poca atención es poca atención del Padre, hiperactividad es exasperación de la Madre.

Estos dos aspectos se pueden esconder del mundo: El Padre estará presente pero no en Espíritu, sólo en imagen y cosas; la Madre podrá ocultar su exasperación en gavetas internas de mujer. Aún así no habrá escondite frente a lo que percibe el inocente.

Se sanan en lo profundo los Padres y por defecto se sanan los hijos.

Esta misma historia se repite en lo macro, la mecánica es similar, pero esta vez entre los humanos y los seres elementales.

Estos pequeños invisibles son como niños en muchos aspectos y una de esas cosas que hacen así es recibir códigos humanos y actuar en función de estos.

La humanidad confundida y estresada, buscando ansiosamente en la mente la solución a sus propias creaciones, genera una información que los elementales leen como vientos huracanados, tormentas y tempestades.

A veces leen la información de cualquier otro acto falto de virtud enviada por la humanidad como una señal para provocar terremotos, erupciones o inundaciones.

A ellos no les gusta hacer eso, no son felices generando dolor o catástrofes, sólo que sin querer fueron fieles y literalmente obedientes ante el código que también inconscientemente les dimos.

Todo esto ocurre al no querer autocontrolarnos y crear realidades amenas y armónicas, sanando la mente y el corazón como humanidad (y como Padres).

Lo que conocemos como el clima y fenómenos de la naturaleza, es el diagnóstico de la humanidad”. Sanar como familias también sana a la naturaleza.

Somos responsables no sólo de nuestros actos físicos, sino que también por lo que pensamos y sentimos (por las emociones que generamos en otros o uno mismo).

Alistémonos a crear un futuro elemental perfecto en el ambiente, dejando un escenario precioso para las próximas generaciones que también deben ser preciosas, por su formación espiritual completamente integral y recibida de Padres honorables.

Así llegaremos a amar efectivamente el escenario que se preparó para nosotros, así como amamos a nuestros hijos.

Gastón Barrientos Sch

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