Bajo el mar de electricidades
humanas, en un sumergido mundo
inacabado, sujeto por la impronta
de cizañas edulcoradas.
La historia, producto de un legado
moroso, que con deuda flagrante
y sin vergüenza sólo enseña
a recibir, perpetuando así la cadena.
Los efectos puestos
antes que las causas,
arruinan la correcta vertiente
e invierten todo a su paso.
Nos creímos autónomos,
pero sabemos menos que niños.
Tramamos la grandeza sin la cara bien puesta, mientras derramamos
sangre, sudor y savia.
Pedimos antes de dar
y pedimos lo imperfecto…
…así se perdieron batallas.
No puede haber un destino
más redondo, sin fondo y
sin cuerpo.
No será el mundo
donde quiero vivir,
no será el mundo
donde avancen mis raíces
ni respiren mis hojas.
No seré un sobreviviente
de mis actos ni de
los de otros.
¡Que el flujo de vida
pase por mí y siga puro!
¡Que las corrientes de sugestión
pasen por mí y se transformen
en ríos dulces y translúcidos!.
Habrá que cavar en lo hecho
y no acabar con lo hecho.
Vendrá la Armonía entre el conflicto
desde el sol más grande, el que despierta
luces entre los iluminadores celestes.
No quedará espacio para seguir
perpetuando la bajeza
de los instintos ingratos,
ni la desdicha de lo que ignora
el apagado cofre con brazos.
Seremos libres y cautos.
Seremos la causa de todo acto,
de respirar atentos, de ser Victoria,
de ser hijos rectos.
¡Que vuelva a ser mi sangre dorada y
causa de mis latidos flamantes!
¡Que la vida se manifieste vertida y perfecta
en el cáliz de cada alma!
¡Que cada huella se vuelva fértil a mi paso!
¡Y que se expanda la resurrección
de mi reino, renacido en nobleza y feraz en virtud, como flor de poder sosteniendo los cielos!
Gastón Barrientos Sch