La composición de nuestra naturaleza es más amplia de lo que se cree.
Más allá de la realidad física (o biológica) y mental concreta podemos encontrar una basta e interminable realidad espiritual.
A la profundidad del Ser se accede sólo relacionarse amorosamente con la creación, es decir que para poder observar en profundidad la vida se debe amarla.
Con esto nos comenzamos a vestir desde dentro con una nuevas „Gafas rosa“, las que dan una visión perfecta de cómo está dispuesta la vida detrás de las apariencias con sus principios subyacentes.
Para entender mejor es oportuno aclarar algunos conceptos que se tienden a confundir como son Profundidad y Complejidad. En el primer caso existe una comprensión de las Causas universales o la Gran Causa raíz, la cual se manifiesta en virtud y perfección afectando a todo y a todos. Respecto a la Complejidad, sólo se describen incontables fenómenos mecánicos, a veces aislados unos de otros y sin relación con la integridad humana o de quien las observa.
En la vida superficial, que es lo contrario a la vida profunda, sólo se apunta a vivir efectos pasajeros que se corresponden con lo mutable o lo que está „condenado“ a desaparecer o transformarse, siendo esto resonante con lo más básico de nuestra totalidad (nuestra realidad material), quitando la atención al ser espiritual que somos.
Muy alertas debemos estar a que a veces viviendo en lo superficial nos ponemos una gafas con un „falso rosa“, para así obligarnos a ver lo frustrante de la realidad básica que elegimos vivir con algo de anestesia y autoengaño, esforzándose por construir una ilusión cada vez más convincente y menos insatisfactoria, sin llegar a conocer nunca lo verdadero pese a tenerlo muy cerca.
Es más que importante nutrirse de lo profundo, porque tu realidad espiritual así lo es, debiendo estar atentos al jalón constante de la inercia de una vida superficial cuya fuerza está muy extendida en el „mundo oficial“.
Parte de lo que necesitamos como raza para soltarnos de la superficialidad es rodearse de elementos de comprensión profunda, como son las Bellas Artes, la conexión con la Naturaleza o la sabiduría universal, aunque esto deba ser con mucha cautela, ya que se podría estar con las „gafas artificiales“ aún, haciendo lecturas equívocas y sin darnos cuenta.
El proceso debe ser (como en todo) incorporando sentimiento y pensamiento, así y sólo así las Verdaderas „Gafas rosa“ llegarán por defecto.
La confianza y la gratitud a la vida son una llave Maestra junto con el abandono consciente de las carreras y competencias humanas, lo que forma un sendero de Victoria hacia y desde lo interno, donde yace nuestra gran Causa.
Este abandono consciente se refiere al lineamiento con un propósito mayor que el de los trofeos que nacen de la ilusión o lo que han convenido otros humanos como lo bueno y exitoso, lo que no implica necesariamente el retiro físico de los roles sociales, sino que cambia el sentido de cómo me planto y proyecto en la vida frente al mundo en esos roles.
Así nos vamos poniendo en los rieles del propósito divino de cada uno, acercándose al reencuentro con el primer amor del alma, el amor al Creador. Con esto comienza a aflorar nuevos sentimientos de humilde grandeza, pensamientos de altura inimaginable, palabras de divino encanto y una serie de vivencias con sentido verdadero y trascendente.
Nuestro Ser espiritual ya está amando la vida y comprendiendo el propósito primordial, por lo que más que aprender o incorporar algo nuevo desde el exterior, se trata en gran medida de dejar de lado tendencias que nos identifiquen con lo superficial y pasajero para comenzar a cultivar la contemplación de lo inmutable, dejando así de obstruir el paso de lo que realmente somos como chispas de eternidad.
„El nivel de profundidad con el que se observe la vida estará determinado por el nivel de Amor que se sienta. Y el nivel de profundidad con el que se VIVA la vida, estará determinado por el compromiso de ese Amor hacia ella“.
Gastón Barrientos Sch