Dos anónimos

Estando solo y sólo siendo
no necesito nombre.
Desde el momento en que me creí
separado de ti y desde que me creí
algo además de todo, aún no te nombraba
pero fui capaz de apuntar a tu rostro.

Cuando vi a alguien más como yo,
necesité nominar por primera vez
lo que restaba entre nosotros.
Hoy escribo desde el espacio entre todo y Yo.
Esto es el sueño, lo que no es.
Una plataforma de observación y no de observancia, que
está sucia por espectadores tercerpersonistas que dejan
los residuos de sus zapatos muy lustrados
por arriba y no por abajo.

Debió ser siempre esto un palco preferencial, pero se lo
tomaron los incautos. Mi poesía no es un libro de
reclamos, aunque me arde la tinta antes
de trazar la siguiente palabra.

De algo tan pulcro como la relación con todo,
hay quienes son capaces de involucionar a tejidos
destruibles que complican la simple existencia.

No pido más que existir,
sólo tengo el deseo más pequeño;
algo tan difícil de obtener
en el tablero del tiempo,
rodeado de inexistencias ofrecidas en carteles
de estrambosis crónica.

Se complicó lo contrario de nada
cuando fuimos muchos,
se puso todo de cabeza.
Y para no vivir en nostalgia de dos
te comienzo a ver en todos
y es desafío casi alegre
que seamos miles.

Te veo en todos, te busco en todo.
Vas sumando nombres y ninguno es cobarde,
ni tonto, ni indeseable,
mas no te valen.

Cuando te veo en mi y me veo en ti
desaparezco en infinito reflejo
de incontables espejos,
encontrando silencio de frente y
de espaldas, explosivo e implosivo.
Me absorbo en obicuidad mientras pierdo
mi nombre, sereno y todo de nuevo.

Gastón Barrientos Sch

Deja un comentario