Tiempo

Deja que el tiempo venga y se valla,
que tu fuego sabrá que hacer con él.
Plántate en las piedras del río,
mas no en la corriente de las almas sin fe.

Existe un único ciclo mayor
y dentro se cultivan sus hijos.
No te involucres con ellos,
no saben de si mismos,
ve y trata directo con el más viejo de la tribu.

Eres el mismo niño anciano,
de estructura ajada por el cambio.
Ya no le hagas caso al inconsistente tiempo,
réstale atención a sus tretas manipuladoras de la forma.
La juventud le aterra
y del agua profunda se aleja trémolo y encorvado.

Un prisionero del tiempo es quien
no sabe de su fuego. Es quien
duerme entre el junquillo y se va
con la pleamar de ilusión prometedora,
para despertar en el mismo sitio arenoso
cubierto del barro que barre
la memoria de cada viaje desalmado.

Un ser libre en el tiempo
es quien anclado en lo eterno
da curso y dirección a los ríos
con tela de virtud a la vela.
Es quien empapa sus ojos y no la mirada,
agua que al caer moja los pies
mas no la pisada.
Así, es con dicha sabidor de ser quien,
donde brota la aurora polar
y se origina sencilla la vida en un canto
de una sola imparable palabra.

Deja que el tiempo venga y se valla
que de ti no se llevará nada.
Sólo tú plantarás tu siembra en sus brazos
ahogando con fuego firme su desfile.
Abandona ese curso que es seria deriva,
ya no vale un sólo instante que sirva de guía.
Deja que el tiempo venga y se valla
y se lleve tu silencio de portenta llama.

Gastón Barrientos Sch

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