Del pan a las flores

(Cuento para niños al dormir y para adultos al despertar)

Había un campesino que cultivaba las más bellas flores, también se enaltecía de tener especies diversas de lugares muy lejanos.

Cada vez que le preguntaban cuál era su secreto para lograr tan bellos cultivos él contestaba que „La Gracia trae la vida“. Muchos se reían y otros lo tomaban como una negativa a contestar en serio.

Un día unos vecinos se escondieron cerca de su sitio y observaban sorprendidos cómo el campesino daba vuelta la tierra y arrojaba migas de pan sobre ella. Atónitos con esto se preguntaban que cómo era posible que al echar pan sobre la tierra fueran a crecer tantas flores. Al cabo de unos meses volvieron a ver como florecían diversas especies.

Uno de los vecinos intentó hacer lo mismo en su jardín, preparó la tierra y echó migas de pan por todos lados, siempre con algo de desconfianza. En eso comenzaron a llegar algunos pájaros a comerse las migas, al cabo de rato eran muchas aves y el hombre enojado tomó unos palos y empezó a espantarlas. Luego de esto se le ocurrió también poner un espantapájaros y dejar un perro de guardián, así ya no llegarían más pájaros a comerse la siembra.

Al pasar los meses sólo brotaron algunas plantas pequeñas, pasto y sobre todo malezas. No entendía por qué no funcionaba, así que luego de pensarlo mucho fue donde el campesino a preguntarle. Le contó todo lo que había hecho, incluso que lo había espiado para saber cómo cultivaba sus flores.

El campesino no aguantó las carcajadas y le confesó: „Es precisamente para las aves el pan, no para la tierra. Yo les dejo migas para que ellas coman y en sus alas, entre sus plumas, vienen las mejores semillas, cuidadas por su calor que envueltas reciben la transmisión de la dicha de ser recibidas en este lugar con gratitud. Así que ya sabe mi amigo: La Gracia trae la vida“.

Gastón Barrientos Sch.

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