Las flores y el sistema inmunológico

El ser humano viene y se sostiene por amor, energía vital inteligente que desencadena y forma un patrón perfecto que no sólo da existencia, sino que también da vida consciente.

El llamado sistema inmunológico es un escudo inteligente que lee y sintetiza los códigos físicos, químicos y orgánicos, los que a su vez le permiten al ser humano desde que nace, adaptarse y desarrollarse armónicamente con su entorno.

Dicho escudo está vivo y vibra de manera rítmica en asociación con las emociones como el amor (sentimientos de protección y sano apego). Cualquier manifestación de extremos de éste alterará el sistema energético/inmunológico desde la infancia.

Veamos el siguiente ejemplo:

Nuevo código, nuevo sistema:

Es sabido que la conducta natural para todos los niños y cachorros (en el caso de los animales) es recibir los cuidados permanente de su madre en armonía con el padre. Nuestras sociedades actuales exigen indirectamente reemplazar las conductas naturales por otras suplentes que están diseñadas para sostener sus propios modelos, como por ejemplo la interrupción de la labor materna en los primeros años reemplazándola por guarderías, jardines, etc., que prometen el desarrollo inteligente del niño, pero que contradictoriamente tiene gran parte del año niños enfermizos, siendo esto no por los cuidados del lugar, sino mas bien por la emoción de desapego y tristeza al salir de la autenticidad del amor de la madre (código único e irremplazable para cada niño).

Esto propicia que al ser tratados como “bloques de niños“ todos comen, juegan y duermen de manera grupal y rítmica apareciendo así este nuevo código, improntado en su sistema inmunológico donde todos se resfrían de la misma forma, todos contraen algún virus, todos con la misma «peste», etc.

Un mal hábito materno es la «culpa»

Instintivamente las madres sienten el aviso natural de que insertarse en este modelo requiere de su paciencia en el tiempo, ya que la adaptabilidad debe ponerse en marcha a temprana edad del infante, cosa que produce el stress del niño y los padres.

La culpa a nivel inconsciente que proyecta la madre hace que esta tome una actitud:

a) Más sobreprotectora y/o permisiva con el pequeño en el escaso tiempo que tienen para interactuar. Implementar disciplina y deberes van quedando con la estigma de “los villanos de la obra” y la madre no quiere jugar ese rol, llegando así un codigo erróneo para el desarrollo coherente del hijo.

b) También la madre puede desconectarse emocionalmente del hijo, queriendo hacer cumplir prontamente las instrucciones, pasando a “domar” al niño lleno de hábitos y deberes, forjando en él un carácter rígido. La mujer siente el peso de la crianza y quiere dividir todas sus actividades con el padre.

c) La madre empieza a desarrollar un cuadro depresivo silente, donde inconscientemente culpa al compañero por no poder ser madre a tiempo completo y disfrutar el ser sostenidos ambos por él. Esto genera distancia en la relación de pareja abocada más en una relación parental, donde incluso la madre es más compañera con el hijo, invirtiendo los roles, lo que repercutirá en el desarrollo emocional, carácter y habilidades sociales del niño.

Las flores:

La naturaleza es nuestra madre inmaculada y perfecta, amorosa y dadora de vida. Cuando hemos extraviado el camino de la armonía no se experimenta la paz. La terapia floral extraída/compartida de la naturaleza devuelve los ritmos, reorganizando con los códigos matrices la salud de nuestra alma, mente y cuerpo físico.

El jardín interior florece y vuelve a manifestar confort, belleza y armonía.

Tanto la madre como el hijo volverán a restituir los lazos sanos del primer apego y tener un sentimiento de unión y seguridad necesarios para el avance de ambos individuos en sus ciclos respectivos y complementarios.

La medicina floral bien aplicada (y terapéuticamente guiada) es la sanación de nuestra Era, en la que entramos a reajustarnos con nosotros mismos y el entorno.

Cualquiera sea la dirección que estábamos tomando, podemos prevenir consecuencias indeseadas en los nuestros y en nosotros mismos.

Es importante destacar que al ser medicina vibracional hay una notoria compatibilidad con los pacientes infantes, mostrando resultados rápidos. En cambio en los adultos la construcción de la personalidad y los grados de identificación con ella hacen que el proceso tome más tiempo, llegando en algunos casos puntuales a no ser resonantes a ella en primera instancia, lo que requiere de una preparación previa que apoye el proceso, prevaleciendo así siempre la eficacia de la terapia floral.

Fuimos creados en felicidad y amor, regrabar esos códigos originales forma parte de nuestra evolución como raza consciente.

En esta era la terapia floral nos invita a cubrir esta necesidad del alma, pero también cuando aún no descubrimos qué es lo que de fondo nos falta.

Barbara Blachet A.

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