Tan cerca como una respiración, la ciudad de la luz ya nos envuelve. Una santa brisa emana con musicales aromas y suaves colores que tiñen el cielo cada amanecer y atardecer.
En la ciudad de la luz las radiantes alamedas geométricas, son lustradas por los pasos de quienes allí habitan. Es en ese lugar donde llegaron a vivir como un verdadero HUMANO, con las tecnologías espirituales con las que fuimos creados, portan la flamígera luz de la sabiduría, rescatada de las renovaciones planetarias de hace tantas eras pasadas…
Allí donde la virtud es la fuente de todo lo que se expresa y plasma, los poetas acarician con la palabra aterciopelada y colman copas doradas de sagrados códigos de luz para consagrar el reino; tan sólo bocas puras y afinadas logran sostener esa energía elegantemente calificada.
Los músicos y pintores reordenan la luz en patrones geométricos danzantes y vibrantes para alimentar y sustentar la vida y armonía de los reinos, los escritores son escribas de las matrices sagradas que son llevadas a nuevos mundos creados por los Elohim, además de ser los organizadores de la sustancia inteligente grabada por la experiencia no sólo humana.
El arte es una forma de ser y los artistas no existen como tal, pues cada ser no esta separado de su naturaleza creativa.
Existen ciclos pero no tiempo, entonces no hay prisa, como en los reinos vegetal, animal y mineral.
El sol es lo primero que te encuentra en ese lugar, conmovedoramente diferente, no hay palabras que lo contengan…
Un admirable ser flamígero estalla danzante de amor y habla en el interior de cada criatura, con su voz dentro no puede haber discordancia, ego, mentiras, ni pensamientos tal como los conocemos acá, sólo cascadas de amor que te mantienen erguido, sin deseo, sólo paz.
Quisiera poder contar más, pero vuelvo a este mundo y reflexiono.
Nos dicen acá que nuestros sentidos nos engañan y no es cierto, pues sólo una herramienta mal utilizada podrá hacernos daño. Fuimos creados y manifestados en cuerpo sensorial, las interpretaciones de lo que sentimos son las erróneas, son egocéntricas, llenas de miedo.
Con un corazón tan cerrado solo entran las voces del conocimiento a la mente, tomamos y dejamos el que más nos acomode para aquietar temporalmente el rugiente miedo al vacío interior.
En este hermoso planeta donde llegamos, un mundo inventado nos convence de una realidad que no es, le llamamos amor a una negociación llena de expectativas hacia otros, que nos llenen de algo que no somos capaces de forjar por nosotros mismos.
Donde la palabra o es un látigo bífido, soltado reactivamente sólo para herir, capturar y arrastrar hacia uno mismo todo lo que pueda encontrar interesante, o es un pegajoso anzuelo con conceptos melosos y atractivamente artísticos, carcasas de conocimiento vacío que buscan soterradamente reconocimiento; hoy la telaraña tejida sobre nosotros es el mejor portavoz para ello.
Borrachos con sus propios inventos, humanos insisten era tras era en cambiar el mundo. Con símbolos, escritos y credos, con artilugios bélicos y de alabanza, surcan y aran la tierra y los tiempos para sembrar lo “antiguamente nuevo” que reconstruyen por cada existencia.
Entonces hay esclavos para rato, con el sueño de libertad que a finales de cada etapa queman cual “muñeco fantoche” con la esperanza de vivir un nuevo mundo de egos mas libres.
En este fin de ciclo encontraremos muchos rescatistas de existencia, Mesías para todos los cultos, y mientras no se comprenda que la salida es la entrada, la entrada a tu ser sin yo, la entrada hacia el observante que se auto-observa y contempla la primera explosión atómica espiritual dentro suyo que lo une al cosmos, divagaremos errantes con el alma devorada.
¿Es que acaso no estás cansado de seguir a ciegas, la senda donde la luz oscura conduce a la sostenida repetición del tiempo con el culto a la materia?
Recuerda siempre, el sol habla al corazón, eres bienvenido en la CIUDAD DE LA LUZ.
Bárbara Blachet A.