La mujer Eva

Cada una de nosotras lleva encarnada consigo el sello de Eva. El tiempo sin tiempo, aglutinada en el corazón de la espiral de nuestra alma, el cansancio del errante rumbo hacia un amor que nunca se alcanza, el frío de una mente práctica que asegura la existencia propia y la de los que convocamos a la finita danza de la vida, el deseo ardiente de libertad en nuestras entrañas, que brota cada vez que nos hacemos esclavas (de nuestras propias causas).

La mujer Eva, ciega a voluntad, porque cada vez que usa sus ojos se ve desnuda y teme. Cree que su desnudez es vulnerabilidad, por ello cierra sus ojos y se viste con piel de hombre, antes por sumisión y ahora por rencor.

Pero la nueva era es la nueva Eva, pasará el eclipse de la oscuridad y el Alma Mater se erguirá dulcemente sobre el ofidio de las creencias y todas sus ciencias, para entonces derramar la leche de sabiduría y así crear vías lácteas con su amor infinito.

La desnudez de Eva trae el natural abrazo con el creador de nuestro espíritu, libres de miedo y culpa, e inmaculadas, porque así fue la voluntad del uno.

Nuestro reconocimiento de alma desnuda al inmaculado espíritu que nos fue otorgado, resucitará nuestra carne. Seremos santuario del verdadero amor.

Fuimos elegidas para maternar al hombre nuevo, al hombre de luz, para juntos atravesar el sol y morar eternamente en la Tierra del cristal, el Cristos viviente…

Que así sea.

Bárbara Blachet A.

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