Pasamos gran parte de la vida luchando por cosas o instancias que resultan finalmente ser ilusiones, con lo cual sufrimos mucho, llegando muchas veces a condicionar nuestra conducta y actitud frente a los demás o la vida misma.
Llega el tiempo de la madurez en el alma, donde (aunque parezca una locura) nos esforzamos por desilusionarnos, es decir que ahora lo que más anhelamos es la verdad que radica detrás de todas las cosas, donde lo que menos queremos es una nueva ilusión, donde nos alegramos y gozamos de cada espejismo que se rompe, porque sólo así sabemos que caminamos a develar el lugar de dónde venimos y a dónde vamos.
La naturaleza del alma es en lo eterno y sólo en ello no hay ilusión alguna. Cada paso con trascendencia es un paso del alma y esta ama firmemente su hogar.
Que sea la alegría lo único que llegue a celebrar las desilusiones… Así se fortalece el Alma.
Gastón E. Barrientos Sch