Respecto al aroma y sus implicancias más profundas no hay mucho escrito. Generalmente se habla de lo relacionado con los gustos y preferencias, lo cual corresponde generalmente a lo instintivo, y desde esta perspectiva se desarrollan escuelas, especialidades, técnicas, etc., las cuales por supuesto son muy interesantes y de gran aporte a nivel mundial.
En este ensayo se pretende dar una perspectiva sencilla y escueta, pero profunda sobre el aroma y algo de sus alcances esotéricos y espirituales.
Pasamos por diversas etapas en el desarrollo de la consciencia, esto en todo nivel de asuntos, y la cuestión del aroma no queda atrás. Podemos dividir estas etapas tanto en el desarrollo de la personalidad como en el del alma. Se podrá observar que en la mayoría de los casos nos quedamos expandiendo el desarrollo de la primera sin dar el paso a lo álmico.
Comprender la siguiente tabla nos dará una ayuda para: primero identificar en que etapa estamos y luego poder «avanzar» hacia una percepción más intuitiva y espiritual.
1ª Etapa: Esto está relacionado con la supervivencia. El olfato funciona como un mecanismo o herramienta discriminatoria, entre lo peligroso y lo útil, entre lo que aportaría alimentos o medicina y lo que es potencial o directamente nocivo, etc. Como podemos ver, en esta etapa el olfato juega un rol muy importante y necesario, el cual por ningún motivo debe ser descartado o prejuzgado como primitivo o salvaje.
2ª Etapa: Acá los aromas juegan un rol de agrado, de apego o rechazo, respecto a lo que causa placer o bienestar emocional. generalmente relacionado a un recuerdo emocional/afectivo, ya sea gratificante o traumático (apego y rechazo respectivamente). En esta y en cada etapa no hay un descartar de la etapa anterior, sino una integración, comienza a haber mayor expansión consciente y de la supervivencia incorporamos ahora el placer, el gusto por lo que causa bienestar emocional.
3ª Etapa: Desde esta etapa se ve el aroma con un manejo de sus alcances. Es decir, desde ahora se utiliza a voluntad para lograr un efecto fuera del propio Yo. Sin embargo, como se expresa, esto es fruitivo y busca necesariamente un retorno para si mismo. Por ejemplo: Aromas para seducir, para agradar, para integrarse a distintos ámbitos sociales o laborales, etc. Seguimos integrando las etapas anteriores, fusionándose todas en un esquema completo de actuación de la personalidad. Y como se indicaba anteriormente, la mayoría de las personas se mueven en este cuadro respecto al aroma (y en muchas áreas más).
Resulta que nada de lo antedicho es algo despreciable o inferior en dignidad, son etapas naturales de la personalidad. Sin embargo, sí ocurren problemas cuando quedamos estancados en una y dos de estas etapas, impidiendo el desarrollo normal de esa característica. A eso debemos poner atención.
4ª Etapa: Esto se trata de una percepción de la belleza y del arte natural del reino vegetal en su más elevada expresión: El aroma. Se comprende a través del sentimiento en conjunto con la intuición la resonancia con lo angélico de los aromas. Se reconoce la verdad que yace tras el aroma, la trascendencia y elevación que aporta a toda la vida material y espiritual, en una radiación no sólo sensorial, se acepta y concibe conjuntamente con lo que es armonía, paz y belleza. Esto es alimento para el alma, nos nutrimos con el aroma de lo virtuoso.
En esta cuarta etapa ya estamos hablando de niveles álmicos, y cuando aún no nos abrimos a esto y persistimos en las etapas anteriores, suena como un cuento bonito e impráctico, o quizás algo muy difícil de llevar. Depende de nosotros apuntar hacia allá en pensamientos, en acciones y sentimientos que unidos se irán abriendo el paso lentamente a esta realidad que no se olvida entre encarnaciones.
El aroma De Dios está en cada una de sus criaturas, como una chispa de esencia absoluta. Cada hijo vive su auténtico matiz. Cada ser tiene un aroma, y en realidad ES ese aroma, y al irse densificando en la materia se va congelando esa expresión, está en nuestras manos devolvernos ese calor, a uno mismo y entre todos para liberar el aroma De Dios que cada uno es y porta.
Cada vez que pasa un Ángel o un Deva queda su estela de aroma, siendo el resultado de abrirse huella con la suavidad de un paso artístico en el tiempo y en el espacio.
Los aromas humanos, que más bien por ahora son efluvia distorsionada, son el paso tosco que se abre huella a golpes y porrazos por la rutina.
Los aromas del cielo, de la trascendencia, hacen presión hacia nuestro mundo, por su naturaleza omniexpansiva y con el taladro de las maravillas de un reino realizado como es el de los vegetales, hacemos puentes e istmos entre el cielo y la tierra y entre cada reino. Cada ser clama en silencio por respirar la pureza que es fragante y nunca neutra. Dicho está, la pureza tiene aroma y cada ser guarda una chispa de fragancia divina que late por expandirse iluminando en belleza cada rincón de la existencia.
Gastón E. Barrientos Scholtbach