Orar y el riesgo de confundirlo con el psiquismo


Orar se puede confundir fácilmente con el psiquismo. Con frecuencia olvidamos que orar no es otra cosa que comunicarnos, o mejor dicho, conversar con nuestro ser superior. Sin embargo, cuando introducimos en la oración pautas de control, creemos que tenemos la facultad de cambiar eventos, influir sobre circunstancias externas o incluso modificar la vida de otras personas, aunque sea bajo la excusa de que lo hacemos “para su bien”.


Muchas veces expresamos en la oración peticiones en las que le decimos a nuestro ser superior que actúe de manera misericordiosa, protectora o sabia con los demás. Le pedimos que les dé claridad, fortaleza o aquello que, según nuestra mirada limitada, parece hacerles falta. No reparamos en que al hacerlo damos por sentado que lo superior necesita de nuestras órdenes o ruegos para manifestar sus bondades, como si estas no fluyeran de manera natural si no solicitamos su intervención.


En esos actos a los que llamamos “oraciones” o “rezos”, corremos el riesgo de actuar más desde el ámbito psíquico que espiritual. Es decir, intentamos inconscientemente que lo que está afuera cambie, y de esa manera enviamos fuerzas astrales que presionan a los demás. Esto no solo invade el espacio del otro, sino que en muchos casos produce el efecto contrario al que deseamos, bloqueando en lugar de liberar.
La esencia de la verdadera oración no es que cambien las personas ni las situaciones externas. Su sentido profundo es fortalecer el vínculo espiritual con uno mismo, expandiendo la sabiduría interior y elevando la consciencia tanto personal como impersonal. Al hacerlo, se transforma la mirada desde adentro, y es esa transformación la que inevitablemente repercute en la percepción y desarrollo de la realidad externa.


Por otro lado, el psiquismo inferior consiste en forzar las corrientes astrales para intentar mover o alterar la voluntad ajena. Este hábito, que puede considerarse el primer paso hacia lo que se conoce como magia negra, es un legado de prácticas provenientes de otras eras y encarnaciones. Aunque muchas veces se ejerce con la intención de ayudar o proteger, en esencia no deja de ser una manipulación del campo energético del otro.


Comprender la diferencia entre oración y psiquismo es vital en el camino espiritual. Orar es abrir un espacio de encuentro con lo superior sin condicionarlo, es entregarse y confiar en el flujo natural de la vida. El psiquismo, en cambio, es la exigencia encubierta de que las cosas se acomoden a nuestra visión limitada. Aprender a distinguir ambas actitudes nos permite caminar con mayor claridad, reconociendo que la verdadera transformación comienza siempre en el interior.

Por ejemplo, si quisiéramos hacer el bien hacia otros, a través de la oración se puede pedir comprensión y entendimiento sabio de la situación del otro, así cuando llegue el momento sabremos como actuar en sintonía inteligentemente cooperativa.

Gastón Barrientos Sch.

Deja un comentario