La contemplación de la naturaleza: Un elemento sanador.

Según con los preceptos que hoy se educa y condiciona esta sociedad todos sustentamos un modelo exitista y el lema de este es: «Obtener más beneficios con el mínimo esfuerzo, es ser inteligente y afortunado».
Esta visión es completamente desapegada a nuestra gran maestra, La Naturaleza. Esto omite y/o suprime todo valor al proceso; la inmediatez, lo instantáneo y lo desechable son los pilares de esta corriente. El esplendor de un árbol con flores y frutos va de la mano con el esfuerzo de la semilla y el logro de la aparición de cada hoja, el majestuoso vuelo de un ave es el resultado de una serie de esfuerzos del polluelo que parten desde el rompimiento del cascaron de su huevo, en fin. La naturaleza está gestionando constantemente su plenitud y esto la hace trascendental.

Para el ser humano el valor del proceso, el disfrutar de emplear la energía en un propósito mayor teniendo la conciencia de entrega de nuestros dones al servicio de éstos, otorga una sensación automática de realización, por tanto una equilibrada autoestima. El merecido descanso con una mente en paz por habernos mantenido atentos, ocupados y felices empleando esa energía, son los mejores antídotos a los males que aquejan al ser humano en estos tiempos: insomnio, ansiedad, pánico, angustia, etc.

El haberles quitado el valor positivo a los procesos y el potenciar el deseo, han sido el agente enajenador más aceptado de nuestra época y de paso el negocio redondo para la mercadotecnia del bienestar y salud.

Al reconocer que el equilibrio está en la naturaleza no significa solamente extraer de ella brebajes, venenos, inhalación de quemas de raíces y hojas sagradas, ya que esta es una visión explotadora de ella y necesariamente incurre en la visión del mínimo esfuerzo para sanarse. El volver al valor del proceso está ligado a la observación de la inteligencia que subyace en la mecánica de la naturaleza, que es en sí un conjunto rítmico y armonioso de procesos consecuentes infinitamente bellos, amables y perennes. Somos parte de esa naturaleza, ella es Sanación. Somos parte de esta orquesta y cualquier acto contrario a su enseñanza es una desafinación, por tanto este actuar humano sigue siendo limitado, efímero, e intrascendente.

Cuando hablamos de nueva conciencia hablamos de la inteligencia aplicada a través del aprendizaje de los procesos naturales, del valor de la espera, del desapego al fruto, de la generosidad en la entrega, en la Fe de que siempre hay cuando se hacen las cosas bien, en que todo el proceso es la Sanación. El verde de la naturaleza es la Verdad y como se ha dicho: «La Verdad os hará libres».

Bárbara Blachet Aguirre.

Deja un comentario