Devoción vs Fanatismo
Una separación necesaria urge hacer entre estos dos conceptos, ya que suelen confundirse dramáticamente trayendo resultados poco deseables.
Como base primordial de diferenciación de esto está la Paz, un aspecto del espíritu que también está presente en la creación y su fuerza sostenedora.
Cada entendimiento y compresión de la vida (en cualquiera de sus aspectos) que vamos teniendo, basados en la experiencia sana, contemplación y sincera observación científica, genera una unión o reconexión bioenergética (álmica) que conlleva el correcto fluir de la energía, estando esto siempre en armonía con la naturaleza, lo que a su vez trae unas sinapsis cerebrales también armónicas, aportando un sentimiento de Paz.
Cuando no hay un entendimiento sincero o hay una información que la conciencia aún no es capaz de comprender y la persona se esfuerza por darle un valor verdadero, queriendo convencerse de aquello, ocurre que provocará uniones y conexiones bioenergéticas violentas en sí mismo, sólo para hacer que una «verdad» que, sea autoimpuesta, por inducción o impronta, se cumpla dentro suyo. Esa exigencia y falta de armonía no resuena con la naturaleza y además genera sinapsis cerebrales violentas. Todo esto queda guardado tras el velo de la personalidad.
Cuando llega el momento de enfrentar temas que atañen a las nuevas conexiones es cuando se expresará la calidad de éstas y su naturaleza, determinándose así si son de origen Devocional o producto del Fanatismo.
Definiremos devoción como la fuerza interna (pacífica) para sostenerse en los atributos de Dios (Paz, bondad, armonía, sabiduría, voluntad, etc) y al fanatismo como la fuerza para sostener un precepto artificial o creencia infundada.
Si bien, el fanatismo no acusa tener un fundamento ideológico violento, sí lo encontraremos en sus uniones estructurales (rigidez), lo que hace que no sea tan fácil reconocer en uno mismo esa antivirtud. El querer vivir condiciones ideológicas a la fuerza o por motivos distintos a las compresiones de la conciencia de cada uno, irá acumulando una bomba de tiempo que luce muy pacífica por fuera, pero que internamente lucha por no explotar, fácil de observar en personas que en lo externo y con mucho histrionismo se presentan suaves, dulces, inocentes y delicadas, pero que en el momento de enfrentar complejidades actúan de manera violenta, ya sea verbal o físicamente.
Para el devoto de la vida no hay más que dedicación y esfuerzo diario por sublimar cada imperfección de la parte menos pulida de uno mismo, siendo tan fiel que vive sin permitir que algo distinto a la perfección del espíritu entre en su vida, fuerza que efectivamente es la más pacífica.
Una señal clara de fanatismo es buscar sostener una ideología, creencia o dogma con expresiones materiales que reafirmen a la conciencia externa para la identificación con ello, acudiendo a ídolos (animados o no), corrientes («ismos»), imágenes, símbolos, apariencias, gestos y muchos otros códigos de información externos.
Esto es transversal para todo y todos, ya que la devoción (y ser Devoto) es un aspecto natural intrínseco, manifestado en distintos niveles en cada individuo. La relación correcta o virtuosa con uno mismo refleja la impecabilidad de cada acto hacia el mundo. Unión, conexión, enlace, relación, coyuntura, son conceptos que encierra esta virtud, comenzando con relación con la divinidad, que es la capacidad de permitir que Dios actúe a través de sus atributos en la vida personal.
Puede haber fanatismo en el trabajo, en los deportes, grupos sociales, espirituales y religiosos, siendo la unión forzada por motivos inferiores (conscientes o inconscientes), la que lleva por senderos de construcciones imperfectas destinadas a desplomarse.
En cada fanático hay un potencial devoto, en cada devoto hay una consagración interna y activa.
La devoción es un acto íntimo, puro y sagrado, no necesita ser expresado ya que brota solo, en actos cotidianos como resultado de un trabajo silencioso.
Gastón Barrientos Sch.