Purificación.
Al momento de comenzar a cocinar, lo primero es lavarse las manos, los utensilios, los ingredientes. Al momento de comenzar a soldar un cable, lo primero es limpiar los extremos a unir. Para comenzar el día, lo primero es lavarse y limpiarse, lo mismo al curar una herida, al momento del romanticismo, al momento de comenzar cualquier actividad debemos tener el cuidado de limpiar, despejar, lavar, purificar, desinfectar o lo que sea necesario.
El primer paso, como una base estructural puede definir todo el proyecto, plan o actividad a realizar. Esto se vuelve crucial cuando emprendemos una vida digna o camino espiritual, determinando la sostenibilidad de aquello.
El proceso de purificación (o primer paso), en el sendero espiritual es dejar atrás todo hábito destructivo, toda actividad que atente a la luz personal y a la luz de cualquier ser. (Ver enfermedades espirituales).
Son muchos los casos de personas con gran potencial espiritual, las que comenzaron grandes proyectos muy bien intencionados, pero que terminaron incluso en tragedias cuando las impurezas de la personalidad y la inconciencia se asomaron y tomaron el protagonismo.
Es una conducta adolescente la de soñar con grandes ideales de libertad por ejemplo, sin hacer ningún esfuerzo por purificar las emociones, las mismas que después impedirán la realización de estos.
El refinarse de manera integral es parte ya del camino. Trabajar en la maestría de tus propias emociones, pensamientos y hábitos es una llave a la vida perfecta, a resonar con la armonía de los reinos.
«Yo soy la pureza que Dios desea».
Gastón Barrientos Sch.