Felizmente racional

El raciocinio es una condición natural en el ser humano, es una herramienta mental para entender y resolver asuntos cotidianos de la vida terrena.

Como es muy bien sabido, una herramienta debe ser utilizada correctamente sino se puede convertir en algo peligroso de manipular. En este caso suena difícil de asumir ese peligro ya que la razón nos da mucha seguridad y nos «protege» en muchos casos de la locura.

En lo que respecta a temas de Fe o acerca del mundo de lo invisible, el ser sólo racionalista no ayuda en nada y más bien ayuda a rechazar estos temas y formas de vivir, ya que para formarse una idea racional se necesitan datos tangibles y sensoriales (ver para creer), poniendo a la materia antes que el espíritu.

Así vemos que la razón necesita vivirse acompañada de otros factores como son la intuición y nobleza de propósito, para abrirse recién así a la naturaleza de la vida intangible.

En conciencia espiritual de auto crecimiento, la razón puede ser una gran aliada, una herramienta que acelere el proceso de conocimiento personal, sabiendo siempre el cuando y cómo se debe usar.

Es nuestro deber utilizar la razón para crecer y para dilucidar la verdad entre la confusión.

Una pista de que se está mal utilizando el raciocinio o que predomina sobre las otras cualidades, es que nos llenamos y llenamos de conocimiento intelectual (por muy místico que sea) y no estamos sintiéndonos mejor con ello, convirtiéndonos lentamente en un crítico de la vida y a su vez más amargado.

También, al no poner en armonía la razón con la intuición y la nobleza tenderemos a caer en negativismo, crítica, juicios, excepticismo, ciencia materialista u orgullo intelectual.

Además esta «soledad racional» no tarda en dar frutos amargos respecto a las relaciones, ya que no basta con sólo tener la razón para comunicar cualquier idea, porque esta debe ser entregada con criterio y discernimiento, viendo y sintiendo al interlocutor y entorno, conociendo y asimilando su estado de conciencia y necesidades.

El raciocinio así como todas las condiciones humanas que traemos, deben ser cultivadas, formadas y educadas para usarlas con maestría y elegancia.

Personas con un fino intelecto y raciocinio, una limpia intuición y un corazón noble, nos hace dignos de las bondades que se entrega para comandar y navegar en el mar de los reinos.

Gastón Barrientos Sch

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