El verdadero aprendizaje

Creemos que el tiempo avanza o que vamos a algún lugar/época que nos espera. Con eso pensamos que evolucionamos como raza humana, pero sin reflexionar que son sólo las condiciones de la naturaleza las que cambian a nuestro alrededor; junto con eso gozamos de la posibilidad de afectar en las condiciones materiales para facilitarnos la estadía en el planeta, como es con la tecnología e inventos para su uso en la vida cotidiana.

La consciencia humana no es muy distinta de hace unos miles de años atrás. Muchos cambios que se han hecho en ese nivel están dados por aprender de los errores cometidos, lo que si bien ha motivado a no hacer muchas cosas contrarias a la libertad personal o de otros, ha estado reprimiendo ese actuar por el miedo a las consecuencias, provocándose así una acumulación de deseo por seguir la inercia del error, lo que se transmite externamente en actos y tendencias fuera de racionalidad y sin propósito.

La represión de las lecciones no aprendidas a través de nuestra historia se va acumulando y transformando en un verdadero tumor, al igual que en un individuo corriente. Tendencias degeneradas, aberraciones, creencias sin fundamento en las leyes naturales y muchas manifestaciones más se presentan como síntomas de un cáncer que se propaga en los diversos órganos sociales de la civilización moderna.

En definitiva, hay dos maneras de dejar de hacer lo erróneo, malo, absurdo, incorrecto, etc., una es por la represión ante el miedo de sus consecuencias y otra es reflexionando y comprendiendo el principio (o ley) que rige a dicha acción, lo cual te libera y transforma en maestro de la circunstancia.

La cantidad de tecnologías e inventos que se hacen a diario son sólo para habilitar una mayor comodidad al momento de llevar una vida normal y productiva para la necesidad de la época. Pero esta incomodidad que pueda haber (y hay) es producto de los seudo-aprendizajes o no-aprendizajes de los mismos humanos que dejaron pendientes a lo largo de su historia en la Tierra y así adaptarse a su propio error.

Al seguir con tanto arreglo para nuestros problemas sin ir adquiriendo consciencia (restándonos de lo que realmente corresponde a evolución), nos quedamos congelados en el tiempo, cambiando sólo los escenarios, indumentarias, personajes e historias.

Al vivir, permitir y fomentar la reflexión, el análisis profundo de la vida, la revelación de las leyes internas y la comprensión de nuestra naturaleza superior, abrimos la puerta de la evolución, donde vamos cada vez prescindiendo de artilugios y convenciones subjetivas para alcanzar la libertad absoluta que todos, consciente o inconscientemente anhelamos.

Es una completa alegría ver y disfrutar de los nuevos inventos o hallazgos que dan confort a la humanidad, pero esta alegría no debe quedarse ahí, además de no deberse suponer evolución en esto, debe verse como la oportunidad de estar cómodos en cada encarnación mientras seguimos esforzándonos por alcanzar las alturas de la consciencia divina que yace entusiasta esperando el llamado a actuar en cada vida humana que extienda la amorosa y sincera invitación.

Gastón Barrientos Sch

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