Las puertas de la Luz espiritual

Es sumamente importante comprender la naturaleza trinitaria del hombre. Esta está definida desde lo más profundo a lo más externo por: el espíritu, el alma y la personalidad.

El espíritu es nuestra verdadera esencia divina y es lo que realmente somos como hijos de Dios, ya que es nuestra sede de todas las virtudes que existen (Fe, sabiduría, amor, armonía, verdad, etc). Lamentablemente de esto no estamos completamente conscientes y en general tenemos algunos chispazos de expresión de esto en lo que dura nuestra vida salvo contadas excepciones, lo que no significa que no se pueda trabajar a diario para ir permitiendo su expresión cada vez mayor.

El alma es donde se encuentran nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y sensaciones y es justo allí donde se encuentran las principales complicaciones para el desarrollo personal a causa de la ignorancia, las heridas de infancia, de experiencias no comprendidas u otras. Estas vivencias sin resolver van generando una capa que se acostra y se presenta como una suciedad que impide el paso de la luz perfecta del espíritu.

Y finalmente la personalidad que es una condición de expresión social de cada individuo que se forma por cada experiencia vivida en conjunto con su disposición biológica.

Al entender este modelo podemos aclararnos de varios temas y uno de ellos es el tan recurrente problema de las drogas.

Probablemente la principal atracción que tienen las drogas es lo bien que se siente el individuo al consumirlas; incluso hay algunas tan „profundas“ que los que las consumen aseguran haber sentido mucho Amor, un gran Poder, incluso claridades trascendentales, por eso insisten en su uso atribuyéndoles el poder que realmente estas no tienen.

Al principio cuando ingresa la droga al organismo ocurre también esto de manera energética al alma, despejando por unos segundos (y a veces minutos) las costras de suciedad, dando atisbos de la Luz espiritual, para luego al instante cerrar nuevamente las puertas pero dejando una costra aún mayor de cómo estaba. Así comienza el círculo vicioso de consumo para contemplar una luz personal que nunca se llega a expresar y que cada vez va costando más alcanzar.

El constante engrosamiento de esa pared va propiciando que olvidemos la luz/virtud que somos, comenzando a identificarnos con solamente el alma y en el peor de los casos sólo con la personalidad, pasando inevitablemente de lo intuitivo a lo instintivo y de esta manera se comienza tan sólo a seguir los impulsos básicos de supervivencia de nuestra parte más animal.

Esta actividad y conducta además de ir dejando más pesado el camino, construye puertos para entidades obsesoras y opresoras que no tardan en traer el tormento y miseria a sus huéspedes (hospederos).

Básicamente el drogadicto (y de cualquier adicción) ansía su propia luz espiritual y la droga le administra la puerta de manera usurera y sin dejar pasar.

Coincide en que muchas personas en estas condiciones de vida son de tendencias particularmente espirituales, pero enredados en esta trampa no logran expresar sus talentos al servicio del plan de perfección de Dios para la evolución de la raza.

Las llaves de las puertas de la Luz espiritual están a la mano de quienes alinean su alma y personalidad al propósito divino que es pura virtud, expresión de talentos, amor universal y libertad absoluta para todos.

Enlace relacionado https://surelemental.org/2017/11/06/adicciones-y-obsesiones/

Gastón Barrientos Sch

2 comentarios sobre “Las puertas de la Luz espiritual

  1. Gracias Gastón. Comparto esta reflexión. Todo un tema hoy donde se confunden libertades, trabajo espiritual con plantas de poder, negocio y abuso.

    Un abrazo para Uds.

    Upss Una araña se pasea sobre mi cabeza por el techo…

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