Le llamamos „estar protegido“ a contar con algún elemento ya sea físico, biológico, químico o energético que nos defienda, por ejemplo anulando, resistiendo o destruyendo alguna amenaza de cualquier índole.
Conocemos muy bien lo protegidos que debemos estar ante las condiciones climáticas extremas, ante ciertas especies peligrosas (insectos, arácnidos o animales salvajes), también ante agentes microscópicos, incluso (y lamentablemente) ante otros humanos y sus acciones e ideas insensatas, pero sabemos poco de cómo protegernos frente a energías mal calificadas, ya sean éstas activamente dirigidas a uno o que estén pasivas en algunos ambientes.
De esto último se habla mucho y en demasiadas ocasiones con una perspectiva supersticiosa e irracional y para evitar esto hay algunos principios o leyes que son necesarias comprender y así saber cómo actúa la materia en lo sutil e intangible para recién desde ahí plantear las soluciones.
Uno de estos principios se basa en la Resonancia y dicta que „los semejantes se atraen“. Esto se aplica de tal forma que por ejemplo si nuestros ambientes están cargados de malos olores, suciedad, peleas, pesadumbre y otros similares, seres energéticos de esta misma vibración (o simpatía) encontrarán el lugar ideal para habitar. Así mismo, el exceso de actos, emociones o pensamientos destructivos propician un hábitat también en el propio campo áurico de cada persona que insista en esa actividad, hospedando a seres indeseables que predisponen muchas tragedias. Por su parte y de manera inversa ocurre lo mismo con lo constructivo.
Esto significa que al constantemente practicar y rodearse de lo virtuoso y constructivo invocamos necesariamente a nivel interno a seres de luz que amplifican las bendiciones que necesitamos para nuestra evolución y vida plena. Esto desde ya nos mantiene „protegidos“ de lo destructivo o retrógrado por simple resonancia, ya que cada patrón vibratorio no admite algo distinto a su sintonía (resonancia).
Si analizamos bien a fondo este principio, comienza y termina siendo una responsabilidad personal la protección, la que conlleva disciplina, perseverancia y hábitos diarios.
Esto descarta de lleno algunos consejos o „datitos“ seudo-esotéricos de protección, que se basan en usar ropas de ciertos colores, prender velas, usar piedras u otras cosas que por sí solas y sin la disciplina interna no juegan ningún rol de importancia. Evidentemente si acomodamos con artilugios nuestros entorno no se logra lo que genera el acomodo virtuoso interno.
Aún así en estas prácticas, al ser tan superficiales pareciera que no acarrean riesgo alguno, pues en esto puede haber un gran peligro solapado y es que en su constante práctica se tiende a un estado de delegación de poder personal sobre objetos y ritos basados en la ignorancia, lo que termina siendo absolutamente contrario a lo buscábamos desde el comienzo, que era el sentimiento de estar protegidos.
En definitiva la Atención constante en las virtudes superiores o atributos divinos es la Perfecta Protección, lo cual por supuesto es una tremenda tarea humana que se cultiva en una firme convicción y forma de vida, sabiendo siempre que esta Atención implica una vertida completa de nuestra energía.
Alguien podría pensar que resultaría impráctico que sólo sosteniendo la atención en lo elevado estaríamos protegidos incluso en lo material, pues algunos atributos divinos como la verdad, la sabiduría o la lucidez permiten que también actuemos en el plano material tangible con actos (y actitudes) que aportan protección en lo cotidiano.
Sin embargo, con todas la ayudas que recibimos desde lo sutil al cultivar nuestra „protección vibracional“, podemos decir que gracias a seres como son los ángeles por ejemplo, hemos zafado de muchas cosas de las que ni hemos estado conscientes, cabiendo señalar así que muchas desgracias que nos han ocurrido fueron propiciadas por el cultivo de algunos antivalores o al dejar de estar atento a la Gran presencia Divina y así de esta manera algunos seres de oscuridad se aprovecharon e impulsaron que tomáramos malas decisiones o que estemos en el lugar y momento equivocado.
Basado en todo esto, consideremos que hay procesos muy importantes que deben ser atendidos, como es en la crianza por ejemplo. Cuando formamos desde la niñez sentimientos de protección en el entorno familiar, preparamos una ruta muy rica en bendiciones por el resto de la encarnación, al haber un desarrollo y expresión natural de los talentos, sin los miedos que traban esta divina manifestación. Esta transmisión familiar o parental debe ser siempre desde la profundidad de la atención consciente en lo superior e inmutable y no desde o partir de la estabilidad material, la cual muta constantemente, siendo así completamente impugnable.
La protección no es una causa y no debe ser una meta en sí, es el resultado o el efecto de una verdadera relación con Dios, todo lo demás es falible.
La Fe es protección, la Sabiduría te mantienen protegido, el Amor protege, la Armonía, la Verdad, la devoción, el Orden, etc.
Finalmente y siendo más agudo aún, de lo único que debemos estar realmente protegidos es de uno mismo, en el sentido de estar dispuesto y activo siempre en la auto-corrección, ya que nosotros mismos abrimos la puerta (consciente o inconscientemente) a la oscuridad o a la luz.
Gastón Barrientos Sch
Gracias Gastón la semana pasada asistí a una meditación budista y explicaban que Buda enseñaba que la idea era contentarse con la Virtud interna, y que era la mente quien te sacaba de esta conexión natural dejando abierta la puerta al miedo y la oscuridad. El reconectarse con la Virtud se aleja todo lo malo.
Me pareció muy coherente con lo que públicas.
Gracias. Un abrazo
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